En la pocilga de esta entidad
que se llama Augusto Pinochet,
hay cloacas que responden
a ese nombre,
cloacas inundadas
de miasma infinita,
miasma que el estiércol odiaría,
excremento que las moscas
escupirían nauseabundas,
vil excremento solidarizado
en tiranía.
Pregúntate, hombre-cloaca,
valió la pena tanta sangre derramada?
Pero, quizás, no sepas lo que es
la sangre, porque en tus venas
corre simplemente fiemo putrefacto
en vez de sangre,
y del oxígeno que inhalas,
exhalas pestes y epidemias y plagas.
Rata de caño, hijo de tu madre,
escucha el llanto de Chile,
escucha el dolor de tu pueblo,
mira a los huérfanos de tu patria,
y sabrás que algún día,
no muy lejano,
se cumplirá mi profecía,
y no sólo habrá cloacas sino miasma,
y no sólo habrá miasma sino estiércol,
que responderán unánime
a ese infame nombre tuyo:
Augusto Pinochet.
Copyright 1997, Ernesto Con De ‘Divagaciones de una sombra’