Hay algo que me pica el cuerpo,
el alma y los huesos.
Pero no me lo pregunten. Yo no sé nada.
No sé si serán piojos mercenarios
o pulgas de metal hambriento,
pero hay algo que me carcome a mí,
los órganos por dentro;
es como si tuviése una plétora de termitas:
unas rojas, unas blancas y otras negras,
devorándome el tórax y las tripas,
devorándome mis sueños y mis penas.
Por eso, hoy sigo como sigo,
enjuto de carne, abultado de huesos;
entendiendo menos a los vivos,
pareciéndome más a los muertos.
Y es que si yo me estimo,
roncaría más en las bibliotecas:
royendo con hambre los libros,
royendo con hambre mis penas.
En vez de estar aquí sentado,
contando mi suerte y mis días,
a dos hombres vestidos de blanco:
la razón de mi melancolía.
Copyright 1996, Ernesto Con de ‘Letanía de una tarde de invierno.»