Te encontré una tarde gris
mientras tus lágrimas internas,
tu tristeza moribunda,
tu herida sangrante
y tu penosa realidad,
clamaban a mi corazón solitario
amor, compasión, esperanza.
Viste en mis ojos la luz
que alumbraba tu oscuridad.
Sentiste la emoción, el deseo,
de abrazarme con ternura,
con deleite,
con la fuerza de un corazón
herido y confuso.
Mi voz sacudió tu pecho,
susurró en tu alma,
murmuró en tu cuerpo,
y dejando pasar su sintonía,
como rumor de olas serenas,
condujo a tus labios el deseo
de besarme entero.
La voz que encontró tu aventura,
condujo el desafío a tus emociones,
el conflicto a tu mente
y la esperanza a tu corazón,
se acurrucó silenciosa en tu alma.
Sentí la gratitud de tu alma
en aquella mirada piadosa,
en aquel beso estremecedor,
en tu caricia siloenciosa,
en la esperanza de tu dolor.