Selección de poemas

EN LA GRAN ISLA
     
  Entre los arrecifes
  y sobre los corales.
  En la gran isla
  que flota de oeste a norte.


  Perdido con las olas.
  Partido por los vértices
  de  los peñascos.
  Allí quedó mi cuerpo magullado.
  En el continente
  de las  madréporas.
  En la gran isla
  de aguas cristalinas.


  Los escollos lo vieron.
  Las amebas lo escucharon.
  En la gran isla
  donde nos amamos.
  En aquella isla
  de azules eternos,
  donde con el alba terminó mi sueño.


  Mientras la espuma del océano
  limpiaba mis heridas
  que nunca cerraron,
  yo esperaba tus besos,
  mas no hubo último abrazo.
  

  Cuando expiró la luna
  y el soleado piélago
  me adentró en su espesura,
  dejé de aguardarte.
  En aquella isla
  que conoce nuestra historia.


 


 LA CERTIDUMBRE


  Esbocé la sonrisa más hermosa
  elevando mis manos hacia el cielo
  para pedir el logro de mi anhelo.
  Me agité junto al aura de la diosa.

  
  Traspasando la puerta, cautelosa,
  descubrí la verdad, le quité el velo.
  No apaciguó la fuerza de mi celo.
  ¡Que mi alma está si cabe más ansiosa!

   
  Quiero seguir el son de este bolero.
  No abatirán mi corazón travieso
  las piedras que ha arrastrado el aguacero.


  Tiene esta historia un tinte firme y fiero.
  Una promesa anclada en aquel beso
  que hizo mover las piezas del tablero.

                                    
  
  LA LUZ DE TU SENDERO


   Siempre que recuerdo
   aquella noche en el acantilado
   me asalta la certeza contundente
   de la marcada luz de tu pasado.
   No hay frase que contenga más ternura
   ni llanto que se precie de ser cierto
   que pueda comparase con la llaga
   que abriste eternamente contra el viento.
    


   No pudiendo escapar a tu destino
   tendrás que subrayar la adivinanza
   que supone encontrar en tu camino
   la llave que conduce a tu templanza.
   Mas se ha acabado el tiempo de rendirte
   a las oscilaciones de tu sino.
   No es mi labor el riesgo de buscarte
   ni debo atropellar las coincidencias.



   Tu misión es muy clara y muy precisa:
   cambiarte, recorrerte y sucumbirte.
   Sólo así harás honor a la promesa
   de perderte, herirte y abrazarme
   que escribiste tú mismo con tu sangre
   en un árbol caduco del sendero.



     LA PRESENCIA


    En el audaz y fértil remolino
    donde la senda del destino nace,
    un alboroto de energía yace
    lanzando al mundo su fragor divino.

    
    Y cuando al irisado torbellino
    rogamos que su calma nos abrace,
    despliega la quietud que en él subyace,
    meciéndonos la luz de un hilo fino.

    
    Empírea sensación; nos salvaguarda.
    Un aura de color iridiscente
    nos va alejando de la bestia parda.


    El halo blanco brilla omnipotente.
    La oscuridad al verle se acobarda
    y se estremece el sol ante su mente.



    LIRAS AL ROJO


    Pende la luz de un rojo
    enardecido en magenta pupila.
    Danza la llama en tu ojo,
    fiero cabalga su poder que oscila.
    Perdiendo su firmeza te obnubila.


    La escarlata aventura
    que supone bailar con una flama
    tu albedrío captura.
    Te atrapa sin piedad en una trama
    y  dentro de la hoguera eres la rama.


    Pende la luz del grana
    que absorbió tu energía en un vistazo.
    Tu mente en un nirvana
    sólo busca que un fuerte fogonazo
    te libre en un descuido de su abrazo.


    De escarlata bravura
    es el despliegue de tu esfuerzo vano
    por centrar la figura
    de la lengua ígnea. Rito pagano
    que llevó tus sentidos a lo arcano.

    
    Pende la luz al rojo.
    En el centro un mensaje te sugiere,
    natural infrarrojo,
    que captes el calor que te transfiere.
    Que no te quema, no daña, no te hiere.


 


 MI OTRA PARTE



    Siempre existe en el mundo una persona que espera a
    otra, ya sea en medio del desierto o en medio de una
    gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus
    ojos  se encuentran, todo el pasado y todo el futuro
    pierden completamente su importancia y sólo existe
    aquel momento. PAULO COHELO.


 


 Me falta mi otra parte.
 He procurado ser independiente,
 libre, valiente, involucrada.
 Me levanto cada día de mañana,
 envuelta en ese viento guerrero
 que, dicen, me caracteriza.
 Disfruto con la vida que transmito.
 Mas hay otra mitad que no lo sabe.


 Me falta mi otra parte.
 He recompuesto el norte de mi vida,
 firme, fuerte, decidida.
 Aspiro al despertar el aire que me acoge,
 con la justicia por bandera
 y la veracidad como estandarte.
 Alivio la tristeza con premura.
 Pero mi otra mitad no lo conoce.
 Somos uno y vivimos sin saberlo.


 


   SANCHO                     
                                    
    Para captar la fe del personaje,
    acompañante rudo,
    estoico portador del equipaje,
    del ilusorio y onírico bagaje
    que Don Alonso pudo
    emplear en su viaje,
    atémonos el nudo
    
    de la fidelidad sin condiciones.
    Que el valor de la andanza
    que propició las bizarras acciones
    de una de las más sólidas uniones
    radica en Sancho Panza,
    que, por muchas razones,
    es digno de alabanza.
    
    Trató con eficacia las heridas,
    bálsamo lenitivo.
    Fiel compañero en idas y venidas,
    vital en aventuras compartidas,
    escudero de un divo.
    Un manchego Rey Midas
    bajo ramas de olivo.