
Los niños aprenden poco a poco el lenguaje de los adultos, pero al menos durante un tiempo, este lenguaje es diferente al que se asume en sociedad, la palabra cobra significado en sí misma, no por aquello que las personas mayores quieren significar con ellas. Recuerdo que para mí, pesadilla era algo pequeño, pero que pesaba mucho, como una cucharada de agujero negro, o algún dulce indigesto.
Frente a la casa de mis primeros años, vivía una señora a la que faltaba un brazo, tenía un lindo nombre, que hoy es el segundo de mi hija: Graciela. Pero las gentes del vecindario le decían “La Manca”. Para mí esto no importaba, la veía preciosa, como una paloma de ala rota.
Graciela era muy blanca de piel, de rasgos delicados, con algo de oriental. Su imagen me hacía evocar una estatuilla de porcelana que adornaba la sala de mi tía, La Diosa China del Amor. Un día observé que a la diosa le faltaba una de las manos. Corrí a comunicarlo a mi tía y ella me explicó que se la había prestado a una amiga. Según la tradición, la pequeña mano de porcelana, que poseía una diminuta rosca, se prestaba, o mejor aun “se permitía robar” para conseguir pareja.
Hubo que explicarme que era aquello de tener pareja. De momento pensaba que mis abuelos habían estado eternamente juntos y la búsqueda de pareja la achacaba solamente a las aves y los perros callejeros.
Algo entendí, sobre todo la parte de que somos seres incompletos a quienes solo la presencia del amor nos llena.
Poco después del incidente, escuché a una vecina de aura gris e impenitente, que madrugaba con el pretexto de sacar a pasear un perrito, bajo y rechoncho como ella, para así poder espiar cualquier movimiento del barrio, decir a mi abuela: “La Manca tiene un amante”.
Aplaudí de alegría, para consternación de las dos mujeres, que cotorreaban en mi presencia con la seguridad de que no estaba entendiendo una palabra de su diálogo. Fui víctima de un pequeño interrogatorio… ¿qué conocía yo de la vida de La Manca?
– Es como la Diosa China del Amor, ¿no lo ven? ¡si hasta le han robado la mano! – dije plena de emoción.
– Pero, ¿qué es amante? – insistió mi abuela con preocupación.
– ¿No es obvio, abuela? – respondí, para consternación de mi madre adoptiva y de la arpía – Amante es aquel que es capaz de amar y dar amor, la otra mitad que estamos buscando desde que Dios nos dividió en dos, la que nos hace de nuevo estar completos… ¡Ay, abuela, estoy tan feliz de que Graciela haya encontrado a su amante!
Marié Rojas
Ilustración: “Reveses de un pensador”
Ray Respall Rojas, 18 años
Estudiante de la Academia de Bellas Artes San Alejandro.