Amigos todos:
Comparto hoy con ustedes (con vos, che) estas reflexiones (1) que hace un tiempo redacté acerca de la forma en que determinados INTELECTUALES de nuestra época, juzgan y prejuzgan a la REALIDAD siempre perfectible del Hombre, pero desde la óptica del VASO MEDIO VACÍO, en lugar de MEDIO LLENO.
Ello, a fin de tratar de indagar en las CAUSAS que llevan, a estos «opinadores» (algunos hasta profesionalizados pero sin título académico que les acredite CIERTA objetividad de juicio), a enfrentar con la suficiencia de discernimiento de una hormiga -mientras tantean- una definición más o menos adecuada de la compleja estructura de un elefante (ni qué hablar, si estuviera en celo).
Y lo hago sondeando en el testimonio y obra de un tipo divino como el Jesús de Belén y Nazaret, quien, al ejercer una crítica de su contemporaneidad judeo-fariseica, y, a pesar de tomar el látigo -pero tan sólo una vez, por caso de blasfemia, único pecado que no será perdonado por Dios- para echar a los comerciantes del Templo de Jerusalén («Es que el celo por la Casa de mi Padre me devora», o, «No hagais de esta Casa una cueva de ladrones», lo que traducido a la vida puede ser: «No hagan de sus conciencias y corazones una cloaca, porque son Templos del Espíritu Santo»), siempre reprendió con amor y por amor; las más de las veces con dulzura inigualable («Mujer, yo tampoco te condeno; pero, vete, y no peques más); siempre dando la oportunidad de cambio hacia lo bueno, lo bello, lo justo y verdadero, porque no vino a salvar a probos sino a rescatar a hombres perdidos de todo sentido existencial y a miserables de toda calaña y marginación social -a nosotros, PECADORES, en el diplomático lenguaje de la mística teologal.
Por eso la Iglesia de este Jesucristo, quizás y mal que les pese a los que sentados en el sillón de Dios pontifican desde la soberbia del enano irremediable, está llena de estos últimos (pues, al cabo, resultarán los primeros en el Reino); ya que, sabedores de su mal obrar, están dispuestos (2) y en racimo, en comunidad de peregrinos y con sinceridad de espíritu (sin cera, sin maquillaje, vía sacramento de la Reconciliación), a renacer de lo Alto… ¡Porque, qué sería de ellos y cómo serían ellos sino estuvieran en, sino fuera de la Iglesia!, al decir del P. Manuel de Prados y Puertas OAR (Prior Orden Agustino Recoleta – Argentina)…
Y como con cada hombre que nace, se reinventa el Misterio de los Misterios (la vida), surge de allí la necesidad de redención hasta el fin de los tiempos… Y de la que todos estamos necesitados, porque «no vemos las cosas como son, sino como somos» (A. Nin, 1903-1977, dixit). Y a hombres de carne, ciudades de carne. Y a hombres de cielo, ciudades de cielo. Así será.
Por eso entiendo que, cuando se practica la CRITICA DE LA REALIDAD, Y CON ELLA, AL HOMBRE QUE LA HACE POSIBLE, resulta en primer lugar indispensable asumir este OFICIO desde la propia condición de creatura urdida y amada por Dios. De seres creados a su imagen y semejanza, y dotados por ende de libertad, inteligencia, sensibilidad y voluntad… No de simples marionetas jugadas a un fatal destino, sino de personas con facultad de CONCIENCIA y libre albedrío concedido para discernir con certeza lo bueno de lo malo, lo propio de lo impropio, lo puro de lo impuro.
CONCIENCIA que se acuña (oh, mis queridos ateos y agnósticos perseverantes) como rasgo indubitable del SER DIVINO EN EL SER HUMANO, y que se muestra (aún a ciegos guiando a ciegos) como esencia de la HUMANIDAD propia del hombre, ya creyente o «no» en quien lo creó y amó, amó y redimió, redimió y santificó.
CONCIENCIA que, incluso, como impronta indeleble de la divina dignidad del hombre, permite a éste aceptar o rechazar (negar) a su CREADOR; ello, desde el preciso instante en que, un día cualquiera, con los pies en la tierra pero mirando a las estrellas, se descubre «vivo» y comienza -desde temprana edad-, a desandar el camino de lo terrenal formulándose, de continuo, las preguntas que se concretarán al cabo y en él, como Enigma de fe o increencia sobre el Origen y Fin de lo Universal…
Volviendo al Maestro que les cité, creo que a diferencia de los INTELECTUALES DE SU TIEMPO (Y DE TODOS LOS TIEMPOS), Él supo MIRAR -siempre- AL HOMBRE Y SU REALIDAD como un VASO MEDIO LLENO (sí, su Mirada de Enviado del Padre que ama al Mundo y busca su Salvación pero participando al propio hombre del esfuerzo que conlleva, fue y es la Mirada de la Esperanza en lo creado pecisamente por AMOR…).
Y, cuando en ese ver a fondo aprehendió también la m… (mierda-miseria) del hombre, no la rechazó; no quebró la caña doblada por el viento. La hizo propia y enderezó y puso de pié arrancando toda fatiga acumulada en sus entrañas, aún con el asco sudoroso en sangre tras una frente malherida de espinas, y enclavándola a la postre en la miríada de mutilaciones con que el grafitti de la locura maligna imprimió de heridas al Nuevo Muro de los Lamentos: Jesús, el Cristo.
Y el cáncer vacuo nadando en el corazón perfectible del ser amado, fue desintegrado por las súplicas de perdón y misericordia que brotaron aquel Día de Cruz y Eternidad, de unos labios avinagrados de desidia, y expirado en la frase
aquella que resonará hasta el último día para todos los hombres de todos los tiempos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». MISERICORDIA que fue esa audacia compasiva, atrevida hasta las profundidades del alma humana, que vino a rescatarnos a costa de su propia y SACRATISIMA VIDA, haciendo del VASO MEDIO LLENO, un ODRE NUEVO para ser llenado, hasta el tope que el sí del hombre quiera, del VINO BUENO de la felicidad eterna…
Contrario sensu, quien ve siempre el VASO MEDIO VACÍO, vé la m… del hombre pero sólo la revuelve, la revuelve y la revuelve; alguna vez aquí, otra vez allá: hay conciencia e imperativo de cambio, sí; pero no hay verdadera Esperanza que guíe en el fondo esos intentos… Sencillamente, porque ese hombre piensa que el hombre puede redimirse por sí solo (repito, como si un ciego pudiera guiar a otro).
Y de hecho se equivoca quien así procede; no en sus intenciones o análisis directos, tal vez, sino en su proyección, que es lo más importante a lograr en un ARTICULO SOBRE LA REALIDAD que se tilde de «constructivo» para los demás (los lectores, los interlocutores, los destinatarios del mensaje).
Es que sin la Presencia del autor de la vida y por Quien fueron hechas todas las cosas, resulta imposible cambiar para bien…
Porque, creamos o no, una batalla sobrenatural y de interplanos se lleva a cabo ahora mismo en nuestras narices, y de la que somos conscientes o insconcientes partícipes, queramos o no, desde el bando al que servimos con nuestras ideas, nuestras palabras y comportamientos. Batalla que no cejaremos de librar en este campo espacio-temporal por más que nos pese, y porque así estuvo dispuesto, aunque no desde el Principio (sólo desde que el Angel Caído precipitó la Caída del Hombre).
De allí la ineludible ayuda que debemos procurar de nuestro HACEDOR, más aún cuando la suplicamos creyendo ESPERANZADOS EN ÉL, y eligiendo los Dones de su Persona; dones que nos edifican, justamente, como Personas; y no al Maligno, al Otro, al que nos vuelve esclavos de nosotros mismos y de artificiales y limitadas acreencias y apetencias humanas, ídolos de barro donde crece el musgo de la m…, bajo el rostro ominoso del egoísmo, la vanidad, la mentira, la concupiscencia y la soberbia, entre otros atributos deleznables (infernales).
Ayuda que necesitamos porque el asunto a dirimir es un Misterio (la vida misma), que tiene una transcendencia cuyos abismos y horizontes superan el poder de captación de nuestros cinco sentidos naturales. Es que para ver y comprender (juzgar, apreciar, ¿criticar? la REALIDAD EN SU PLENA DIMENSION, y no de manera fragmentaria y subjetiva, necesitamos de otros elementos perceptivos: de nuevos ojos; los ojos del ALMA. Y el alma, en los que no creen, siendo lúcida por definición y alcance cósmico de su «materia», se torna ciega de toda ceguera, pues la puerta del corazón echa llave por dentro. Y si no estamos dispuestos a abrirla a la verdad de las Verdades…
Por eso, para cambiar en serio hacia el Bien la realidad, no bastará sólo el DISCURSO DENUNCIATIVO. Quien denuncia sin ANUNCIO, se vuelve sólo un PROFETA DE CALAMIDADES. Para el cristiano, en cambio, hará falta no sólo perseguir al PECADO, sino comprender y contener -sin justificarlo por cierto- al PECADOR… Y anunciarle las BASES DEL CAMBIO. Anunciarle al EJE DEL CAMBIO, al CAMINO, la VERDAD y la VIDA. Anunciarle a JESUCRISTO como Señor de la Historia, como Señor de Todos y de Todo. Anunciarlo quizás con el testimonio de nuestras pobres vidas, renacidas finalmente de lo Alto, por Amor…
Sí, porque más allá de nuestras MISERIAS finitas, existe una INFINITA MISERICORDIA que todo lo supera. No serán pues nuestros propios medios sino los Divinos Méritos de quien vino a redimirnos -sin pedir nada a cambio, sólo que nos amáramos como Él nos amó- los que harán brotar y completar al VASO MEDIO LLENO con el zumo de la SABIDURIA,LA FORTALEZA Y LA HUMILDAD necesarias para erigirnos de una vez y para siempre en verdaderas Personas, hijos de Dios. Y, desde esa perspectiva (porque sólo en Él pueden hacernos NUEVAS TODAS LAS COSAS), recibirnos de constructores de Hombres Nuevos, Hacedores de Mundos Nuevos, protagonistas de la Universal Civilización del Amor e ingenieros de Vida Eterna.
Resulta imprescindible no perder el tren de la Historia y acudir a la Ayuda Providente y Compasiva (Misericordiosa) («Pues conmigo todo yugo es suave y toda carga, liviana»), Deinteresada y Sacrificial hasta lo inaudito, de Quien conoce SIN TAPUJOS a todas las mentes y corazones… («Venid a Mí, pero venid con fe»).
Amigos (amigo): sin esa Ayuda, esta(re)mos perdidos. De generación en generación. No importa cuándo acontezca el Apocalipsis. Cada hombre tendrá el propio a su hora. Pero antes (y tal como lo viene haciendo desde que fue desterrado de los Cielos), el Príncipe de este Mundo (no te rías, che: el autor de la confusión, del vacío interior, del error, del pecado) seguirá seduciéndonos, nos levantará pedestales para vocear la INJUSTICIA, pero para cargarles las CULPAS A UN DIOS (en el que, quienes afirman esto incluso, dicen no creer -sic-)que sólo ha cometido el ¿error? de hacernos LIBRES en conciencia. Y que por lo demás fuera dicho y advertido: «Por los frutos los conocereis», ya que «Sólo la verdad los hará libres».
Porque, claro, QUE «SI ES TAL DIOS» por qué permite tantas atrocidades, y que todos esos chicos se mueran de hambre; y que terremotos de aquí y tsunamis de allá, y que la droga y el alcohol, y que las prostitutas y curas pedeastras, borrachos, lesbianas y maricas… Y, pero ¡qué vergüenza, hombre!; y nos premiará incluso por donde más nos gusta y envanezca, porque así les somos útiles… Como PROFETAS DE CALAMIDADES…
Sí, al Enemigo del Hombre les encantan los hombres «malamente» insatisfechos, que miran SIEMPRE a los demás como infalibles jueces de una realidad que ellos mismos, con sus defectos, corrupciones y procacidades, ayudan día a día a de-construir como a un VASO MEDIO VACIO.
Si, este S-Tán es un «artista» de mala leche: sabe disfrazarse como nadie de cordero siendo lobo, y hasta es capaz de DEJARNOS PREDICAR LA APARIENCIA (sólo la apariencia) de las cosas buenas… Su astucia es muy grande, tan grande como grandes las m… (miserias) que el hombre debe tratar de combatir (pero no solo, insistimos, porque es imposible; sino con Dios, el autor del Amor y de lo Creado por Amor; sí che, no te rías: Dios te inventó a vos, aunque no lo creas. Además, si leíste hasta acá, algo debe haber…).
Porque luego -y sin remedio- el Angel Caído nos cobrará una factura de eternidad sin salida; y, lo que es peor, ni siquiera nos habremos dado cuenta de que estuvimos a su indeseable servicio… («Pero Señor, si comimos y bebimos contigo…»: «Aléjanse de mi, malditos, todos los que practicaron el mal…»).
Claro, vean, si los creyentes tenemos que poner las barbas en remojo, cuánto más aquellos para quien Dios es un cuento de hadas y la Biblia un best-seller.
Hablar de justicia, no es practicarla. Hablar y luchar contra la violencia, pero sin misericordia, nos vuelve tan violentos como violentos son los que, según nuestra mirada ansiosa y limitada, queremos combatir con nuestras funestas advertencias… sin anuncios.
Pero si confesamos el nombre de CRISTO, esa sola confesión compromete a la Gracia de Dios para que venga en nuestro auxilio, y será Ella quien nos guíe desde la mente y el corazón; y, a pesar de nuestra MALDAD, los enderece hacia sanos pensamientos, ideas, proyectos, testimonios y realizaciones…
De no, Jesús no sólo nos dirá que «En la medida que lo hicieron con uno de estos pequeños lo habrán hecho conmigo», sino que agregará: «Hipócritas, que vieron la paja en el ojo ajeno y no supieron ni quisieron quitarse la viga del propio»: repito, ni más ni menos, «…como ciegos, guiando a ciegos».
Lo que intento, por mi parte, y con estas elucubraciones de trasnoche, es encontrar una Pedagogía basada en la ESPERANZA EN ACCION, que me permita entender (no juzgar) al Mundo con ecuanimidad. Y ayudar a sembrarlo en sus valles y colinas con las primicas del REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA (ya que todo lo demás se nos dará por añadidura: «Porque para Dios nada es imposible»).
Pero sólo no me basto. Necesito de Él. Y de su mirada de VASO MEDIO LLENO para actuar con Él y en Él, con clemencia y misericordia. La misma que necesito para mí. Para pensar y sentir y obrar con sabiduría, inteligencia y don del buen consejo, con salud, fortaleza y alegría, con paciencia, prudencia y bondad, con humildad, mansedumbre y generosidad. Para servir a Dios con amor en mis hermanos, los hombres; a todos los hombres, sin excepción.
Claro, para ello deberé saber interpretar aquella maravilla de aserto de: «Ama, y haz lo que quieras», con el que San Agustín será recordado por los siglos de los siglos… (Amén).
Amigos todos, viejo; quizás ustedes (vos) también lo necesiten (s). Sí, aunque NO LO CREAS.
Digo, muchas bendiciones (3)y un abrazo fraterno, mientras caminamos bajo el mismo cielo, y, ojalá, hacia un mismo horizonte, altura y profundidad de feliz eternidad.
Adrián N. Escudero (Santa Fe-Argentina).-