Cultura en Argentina (XLIII): No es tiempo de travesuras

Cultura en Argentina (XLIII):

No es tiempo de travesuras

Estaba previsto: Kirchner ganaría las elecciones legislativas. Él, y no su esposa, Cristina Fernández, es el vencedor. No sólo por haber hecho la campaña y haber abusado de los recursos del Estado en beneficio propio (autos, helicópteros, fotógrafos, dinero, influencias, prensa adicta, falsas denuncias, etc.), sino porque necesitaba superar el magro 22 % de votos favorables de hace dos años, en la fallida compulsa con Carlos Menem, y debía posicionarse firmemente con vistas a la reelección que anhela en 2007. Pero no tiene quórum automático, y a partir de diciembre necesitará, como nunca antes, acomodarse a los tiempos e intereses de otros partidos. Será interesante observar cómo un Presidente que ha hecho gala de prepotencia y desprecio hacia los demás partidos (e, incluso, hacia los mismos peronistas que no piensan como él) se sienta a discutir consensos y estrategias comunes para que sus proyectos sean votados. ¿Se encolumnarán detrás suyo los peronistas opositores, seducidos por el poder? ¿Qué papel jugará ahora el duhaldismo? ¿Y la UCR, que mantuvo su mala elección de 2003?

Sorpresas te da la vida

De todas maneras hubo tres sorpresas agradables porque señalan cierta independencia en una ciudadanía que, hasta el 23 de octubre, se vislumbraba como prebendaria y cautiva: las elecciones en Neuquén, en Capital Federal y en la provincia de Santa Fe. Hermes Binner consiguió lo que parecía imposible: terminar con 22 años de peronismo. Quizás en 2007 sea el nuevo gobernador de Santa Fe. Los costos que dejó la inundación de 2003 y la vergüenza de la Ley de Lemas, que posibilitó que siguieran ganando los menos votados, comienzan a ser pagadas. En el análisis que realizará ahora el peronismo provincial probablemente se hable de la “traición” de Obeid por derogar esta Ley. Sin embargo hasta ahora ha sido el único gesto digno del Gobernador.

Después de los comicios José Pampuro, senador electo, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dijeron que las elecciones «fueron un claro plebiscito a la gestión presidencial». La obviedad de la sentencia no exigiría refutación si no fuera, por boca del mismo Presidente Kirchner, una nueva jactancia acomodaticia: en mayo Kirchner “bajó” su pretensión original (el anunciado plebiscito), para pedir moderadamente en agosto, cuando los números no le eran favorables, apenas «una victoria digna» (cfr. Los laureles que supimos conseguir. Castellanos, 19/08/05). Conociendo su desmedido afán de poder es probable que ahora se obnubile con el resultado en las urnas y descuide el talón de Aquiles de todo gobierno argentino: la economía.

Fue la economía quien terminó con Alfonsín, Menem (en el segundo mandato) y De La Rúa. La impericia para manejar ciertas variables provocó la declinación de estos señores y, al menos en dos casos radicales, su huída antes de tiempo. ¿Repetirá Kirchner el error de sus antecesores? Por lo pronto la inflación anual no será lo esperado. En los últimos meses tendió a escaparse, subiendo más de lo conveniente. De mantenerse la tendencia puede haber un problema en diciembre, que es un mes tradicionalmente inflacionario. A nadie conviene un desborde de precios. Los descontroles siempre terminan por pagarse. Y, como definió Morales Solá, «las victorias electorales, al fin y al cabo, son necesarias para gobernar, pero nunca son suficientes» (cfr. ¿Hay un plan para acuerdos políticos y sociales? La Nación, 23/10/05, p. 35).

El Gobierno se dedicó a la campaña en lugar de ejercer su obligación primera, que es gobernar. Se dejó de lado el control indispensable a cambio de un excesivo celo en la propia conveniencia de los postulados. Ahora que la pugna terminó, sería oportuno que cada uno retome su puesto y actúe con la seriedad que corresponde. Lavagna hace su trabajo, pero a las decisiones políticas las debe tomar el Presidente. Kirchner tendrá que «aprender a escuchar», como hizo notar Santiago Kovadloff (cfr. La Nación, 25/10/05, p. 16). Si bien nunca es tarde para aprender, en el caso que nos ocupa es fundamental hacerlo ya.

El deber cívico

Otro tema es la falta de concurrencia a las urnas. Es curioso que Cristina Fernández no diera el ejemplo concurriendo a votar. Kirchner viajó a Río Gallegos y lo hizo, pero su esposa se quedó en Capital Federal, renunciando a su deber cívico. En una sociedad en donde el espíritu democrático aún no ha prendido, el gesto de la primera dama despierta la suspicacia. ¿Cuál es el ejemplo que quiere inculcar en sus seguidores? ¿El de la abulia, el desinterés, el para qué? ¿O fue un gesto de rebeldía y desprecio porque no pudo votar, como deseaba, en Capital Federal? ¿La primera dama reniega de los reglamentos? Si antes de ser ungida actuó así, es probable que ahora la insolencia se incremente. No parece una forma civilizada de trabajar por el país y la ciudadanía.

Hubo casi un 30 % de ausentismo, un número alto si se considera la obligatoriedad del sufragio. Es cierto que el Gobierno propicia el incumplimiento al no entregar en tiempo y forma los documentos pertinentes, pero eso no cambia un problema previo: una parte de la ciudadanía no considera la participación como deber, sino como carga. Esa ciudadanía es la que, paradojalmente y según Carl Schmitt, «no participando en la política, después esperan que ella los favorezca» (citado por Mariano Grondona en Criterios para interpretar las cifras de hoy. La Nación, 23/10/05, p. 35).

Esta abulia es una de las causantes de los males argentinos. Se actúa con imprudencia, como si nada importara, y termina ocurriendo que, efectivamente, nada importa. Las consecuencias saltan a la vista: un país que podría ser próspero pero vive endeudado, una clase dirigente que es cuestionada hasta el hartazgo, una justicia puesta en duda y un sistema general que premia la obsecuencia, el amiguismo y los favores antes que la capacidad, la honestidad y la seriedad. ¿Cómo no terminar engrosando las estadísticas de la corrupción y la barbarie? ¿Cómo no seguir a los tumbos si los que pueden cambiar las cosas no ejercen, elementalmente, su derecho cuando corresponde?

El 24/10/05 falleció Rosa Parks, la mujer de raza negra que demostró que un gesto nunca es un gesto solo, y que puede tener derivaciones insospechadas, aún en el contexto más abyecto. Hace 50 años (el 01º/12/1955) esta mujer se negó a cederle el asiento del colectivo a un blanco, y su rebeldía, contraria a la ley que imperaba entonces en los Estados Unidos, provocó un escándalo, un boicot masivo contra la empresa de ómnibus y la posterior abolición de la denigrante segregación racial. El ejemplo de Parks, que influyó en el entonces joven predicador Martín Luther King, debería ilustrar a los que no votaron o anularon su voto o votaron en blanco (una “protesta” falaz hasta tanto estos votos no se valoricen legalmente; cfr. La farándula está de fiesta. Castellanos, 05/08/05). En ocasiones un gesto basta para cambiar las cosas. Si se quiere caminar hay que dar el primer paso.

Índice de Percepción de la Corrupción

En la escala de 1 a 10 que determina el grado de corrupción de un país, en donde los valores cercanos a 1 son los más corruptos, Argentina ostenta el 2,8. Tres países de Latinoamérica se alejan del bochorno: Brasil, con 3,7; Uruguay, con 5,9; y Chile, definitivamente en otro nivel, con 7,3. Para que la comparación sea más ajustada, corresponde equipararnos con los once países con menor índice de corrupción, como Holanda (8,6), Austria (8,7), Australia (8,8), Noruega (8,9), Suiza (9,1), Suecia (9,2), Singapur (9,4), Dinamarca (9,5), Nueva Zelanda y Finlandia (9,6) e Islandia, el primero, con 9,7 (cfr. Paz Rodríguez Niell. La Argentina, percibida como corrupta. La Nación, 19/10/05. Tapa y p. 05). Entre 159 países catalogados Chile se ubica en el puesto 21, Uruguay en el 32, Brasil en el 62 y Argentina en el 97. Los valores fueron determinados por la ONG Transparencia Internacional, que tiene sucursales en 90 países. En Argentina es representada por la fundación Poder Ciudadano.

Este Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) puede no ser terminante, pero sí indicativo de un perfil. Que ningún país haya alcanzado el absoluto “10” es un consuelo de tontos. Adrián Ventura hace notar que lo que caracteriza a los países mejor posicionados en este índice es que «gozan de instituciones políticas fuertes, mientras que los peor calificados padecen instituciones débiles, regímenes personalistas o asfixiantes. Son seudodemocracias» (cfr. La debilidad de las instituciones. La Nación, 19/10/05. p. 05). En Argentina aún no terminamos de resolver la separación de poderes, el Presidente no da conferencias de prensa ni habla con la oposición, gobierna mediante decretos de necesidad y urgencia (que no son necesarios ni urgentes) y actúa al ritmo de sus humores.

Un país no es democrático ni justo ni completo si la ciudadanía no incorpora los conceptos de honestidad y civismo y los exige a sus gobernantes. A la Argentina le falta recorrer un largo camino, pero es hora de dar el primer paso en la senda correcta. El espíritu de Rosa Parks debería animarnos.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, octubre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 29/10/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.