COMO SIEMPRE

No le demos más vueltas al asunto. Que el teniente general, señor Mena, haya dicho lo que ha dicho en su discurso de la Pascua Militar, no tiene mayor importancia. Podrá parecer un atentado contra la democracia, pero es sólo un espejismo. Pese a que el Ejercito tiene las armas, los militares no son dueños de ellas. Hoy no es posible un golpazo, aunque conviene no poner nervioso al mando castrense. No pasa nada.

En las Fuerzas Armadas, como en nuestra sociedad, existen personas de diferente ideología y distinto modo de pensar, con la diferencia de que el pueblo puede opinar públicamente y los soldados no. Además, pienso que una sola persona, sin el respaldo político subterráneo de la derecha virulenta, no se atrevería a pronunciarse del modo como lo ha hecho el hombre de armas en cuestión. Allá la conciencia de cada cual, si es que la tienen quienes han osado crear un clima de crispación entre la ciudadanía.

España necesita un cambio estructural en cuanto a la unidad se refiere. Mantener “in hac lacrymarum valle” una actitud hostil contra quienes anhelan defender su idiosincrasia, es una barbaridad. ¿Por cuánto tiempo más, en un Estado de derecho, se puede sostener un clima como el de ahora, siendo así que, “in crescendo”, la sociedad española acentúa su división? Ello repercute de manera onerosa en la vida cotidiana, desde el rendimiento en el trabajo hasta la degradación política, ya de por sí hecha una braga. Pero, mientras el PSOE trata de sacar adelante el Estatut (con todos los fallos que se le quieran atribuir, y que yo mismo soy consciente de algunos de ellos), el PP. por un lado -representando a la derecha- y la Iglesia por otro, en vez de contribuir a la búsqueda de la unidad que tanto necesitamos, se empeñan en aprovechar esta coyuntura para medrar, puesto que a ellos lo que realmente les interesa es mantener los privilegios que siempre han gozado, desde que España es España, sin importarles para nada el pueblo. Esa es la razón, a mi entender, de lo que nos está sucediendo.

La auténtica solución, estoy convencido de ello, es que celtas, fenicios, godos, cartagineses, romanos, griegos, judíos y musulmanes, partes de nuestra sangre, se den la mano. Eso, o volver algún aciago día a las barricadas. Porque, como siempre, los de siempre están liando la madeja.

Augustus.