Celebrando el final

Celebrando el final

Gran algarabía, los toques de trompetas y de campanas avisan a la población. Inventaron el carnaval. Fiesta, lanzaron cohetes y fuegos artificiales, se repartía en las calles, pan y licor. Se bailaba, las mujeres vestían sus mejores galas, besaban a los hombres con efusión y alegría.
Todo era danza y euforia

Afuera el prado vacío y hacia el horizonte se veía la pampa libre, desocupada. El sol y la brisa levantan remolinillos, que traviesos, cruzan zigzagueantes la vasta distancia haciendo piruetas hasta desaparecer.

Lo perros fueron los primeros que salieron.
Corrieron hacia el llano, husmeando como cerdos, buscando residuos que comer.

El enemigo, que los tuvo asediados, había desaparecido, dejando una marca indeleble en el barro, y en la vía engranzonada, era como los rieles de un tren que se pierden en la lejanía.
Con mucho cuidado y precaución salieron a investigar, llegaron hasta la orilla del mar, no había nada, ni nadie, solo……

Solo a lo lejos se observa algo que brilla como un faro, es un objeto enorme que está erguido sobre un pedestal. Es iriscente en sus esquinas, y orlado su pecho; son figuras silenciosos de dioses y ninfas. Parece brillar por cuenta propia, por su plateado metal que expele haces de luz en combinación con el sol, es como una enorme máquina a punto de volar.

La fiesta continua, hombres, mujeres, gobernantes, ministros, el clero, el pueblo, carlinos e isabelinos, demócratas y socialistas, blancos y negros, pieles rojas y caribes, aztecas e incas, italianos y españoles, rusos y croatas, árabes, hindúes, todos formándose en el crisol. Todos son uno, todos en la calle, celebrando con la algarabía que produce la alegría, la esperanza, la libertad, la salvación.

Traen de lejos el objeto.

El ejército empuja con sus carros y sus grúas, los cabestrantes funcionan a su máxima tensión, y poco a poco como en una gran procesión, empujan al enorme caballo…..

Rubén Patrizi