Canción de la esposa del soldado

En nuestra tierra ahogada de sangre y odio,


en los surcos recónditos de nuestras vidas dolidas,


busco la caricia de tus labios, la sonrisa de tu mirada,


persigo la suavidad de tu cuerpo amante y amado.


 


En nuestra tierra que llenaste de simiente


me tumbo y lloro por no oír los estallidos de la contienda,


por no ver los desgarros sangrientos de la triste noche,


por no oler los efluvios pestíferos de la muerte.


 


En nuestra tierra que vio como concebimos a nuestro hijo


dejo caer las lágrimas punzantes de la desesperanza,


rasco con mis uñas rotas la tierra que encubre las semillas,


ensucio mis manos con el lodo inmundo de la guerra.


 


En nuestra tierra envenenada por el odio,


yo, la esposa del soldado, espero tu retorno


espero que veas nacer el fruto de mis entrañas


espero que regales la paz a nuestro hijo.