Quédate donde estás
y no hagas nada.
No importa, créeme,
ya no importa lo que hagas.
Quédate donde estás.
Déja que te siga viendo como antes
sin adornos,
sin máscaras,
sin triunfos,
sin nada.
Entonces era fácil hablar.
No disimulabas. Era fácil hablar.
Sí, era muy fácil hablar. No buscábamos
las palabras.
Quédate tal cual,
sin decir ni hacer nada,
para que cuando llegue la lluvia
pueda oír, como entonces,
la música de tus palabras.
Quédate donde estás,
no importa la distancia.
Cuando haya pasado la borrachera
cuando vuelvas a mirar al cielo,
cuando recuperes la palabra,
me encontrarás a tu lado,
como siempre, como entonces,
escuchando en silencio sin pedir nada.
¡Hasta la próxima parada!