A mi padre
Masacraron nuestros guerreros
Violaron a nuestras mujeres
Quemaron nuestras tierras
Derribaron a nuestros dioses
Al último inka Tupaj Amaru I degollaron
Mientras contemplaba el saqueo de su pueblo
A Tupaj Amaru II entre 4 caballos quisieron descuartizarlo
Mientras veía morir frente a sus ojos a su esposa e hijos.
Mi padre de niño contemplo la masacre de su familia
En Quillabamba y ese dolor no lo dejaba vivir.
Con alcohol pretendieron hacernos olvidar esta historia y
Pelearnos entre hermanos.
Con ropas extrañas y el culto a un dios en cuyo nombre
nos exterminaban, pretendieron que no recordemos nuestro linaje.
Nuestra sabiduría fue convertida en silencio inaccesible
Como la soledad pétrea de los andes.
Nuestro orgullo se convirtió en pena infinita y lacerante
Nuestra grandeza en rencor y desprecio hacia nuestra propia piel.
Larga fue la era de nuestro luto.
-Hemos de romper el embrujo y renacer. Ha finalizado el purunpuncha-
Más los Wiracochas no pudieron hallar nunca nuestro espíritu
que se refugiaba indómita en nuestra lengua:
¡Paqarin Runa Simi!