Ya llegan los nuevos otoños primaverales,
con temperaturas almibaradas y estivales,
con esplendentes fulgores de luz polarizada;
una virginal luminosidad albar y dorada,
que entera y absolutamente de sol embriagada,
cubre las sernas, los arijos, y los montes llanos.
Otoñadas de ampulosos árboles de fronda espesa,
de verdegales anacrónicos de naturaleza ilesa,
de suelos ausentes de parduscas hojarascas.
Pero…
¿dónde están aquellos nostálgicos otoños?,
¿dónde están las frescas caricias de su aliento?
¿dónde están los ecos y susurros de su viento?
quizá, ¿en el alma etérea de las noches?,
¿allí donde callan las horas?,
¿o en la infinita premiosidad de los tiempos?…