Se ha dicho en la radio que España se encuentra en el puesto 41 en cuanto a libertad de prensa en el mundo. Se añade que los periodistas se autocensuran mucho, que saben más de lo que dicen, que están sometidos al criterio de la empresa para la que trabajan. La independencia de la prensa, de lo que presumen todos los medios, es una mentira, un engaño. No es de extrañar que las cartas al director se publiquen con cuentagotas o estén vetadas de continuo para algún autor, y se manipulen casi todas, bien eliminando frases, bien añadiendo lo que no se ha escrito, cambiando a veces el sentido de lo expresado. El colaborador espontáneo de las cartas al director (única puerta permitida para que el lector no contratado haga uso en la prensa de la libertad de expresión y refleje su opinión) se autocensura poco y no tiene en cuenta el criterio de la empresa periodística, así que muchas veces choca con inconveniencias que desconoce. La excusa para ignorar esas cartas es siempre la misma, la falta de espacio. Esa falta de espacio se podría subsanar con la decisión de aumentarlo, pero es más interesante publicar otras cosas y, sobre todo, más rentable dar cada vez más espacio a la publicidad, que es lo que más importa.
Esta opinión, por supuesto, no se ha publicado en ninguno de los tres medios a donde ha sido dirigida. Menos mal que nos queda internet para expresarnos con mayor libertad y porque no vivimos en países donde se persiguen las opiniones contrarias con la vergonzosa complicidad de Google, Yahoo y Microsoft.