GRUPO LITERARIO ESCAFANDRA
(Corporación Artística y Literaria Escafandra)
Bogotá, Colombia.
* * *
FERNANDO ALBERTO CELY (Bogotá, 1957)
LECTOR
Ahora,
que he tenido el valor
de bajar las estrellas
y hacer bañar la Luna
entre mil caracolas;
ahora,
que ha muerto el miedo
de cargar las palabras
sobre mis hombros tristes
y sacarlos despacio
de incógnitos baúles;
ahora,
que de un manto de bruma
surge un faro fantástico
que rompe
la ebriedad de la noche
danzando en un concierto
de duendes y fantasmas;
ahora,
que el silencio es un mito
sagrado que se rompe
con sangre de la pluma,
mi alma se ha vestido
de poeta
¡Y mi palabra es tuya!
RAZONES
A un poeta, mujer,
jamás le des un hijo:
Su padre
sólo podría ofrecerle
versos frescos,
cantos blancos,
falso trigo;
sólo le daría
estrellas y montañas
que se confundan
con extraños ritos,
ausencias y nostalgias,
mensajes
de humanidad extraviada,
triste abrigo…
A un poeta, mujer,
jamás le des un hijo:
se bebería tus senos
dialécticos e impíos,
heredaría
la angustia taciturna
de palabras perdidas
y el estelar colapso
de estrellas infinitas.
CAPITÁN DE NAVÍO
(A Martha Dávila y Fernando Vargas, marineros en tierra)
Ahora soy
el capitán de mi navío.
Con frecuencia suelo encallar
engañado por faros y estrellas.
Desde el arrecife,
olas vienen, olas van
llevándose recuerdos,
trayendo quejas.
Maltrecha quedó
la brújula
desde la última despedida.
Como siempre,
todos indican
rutas y rumbos
pero mi alma marinera
irrumpe con la voz
que hiere tímpanos.
Pesado y terco
resulta el timón,
débiles los brazos del timonel,
sombrío el horizonte.
¿triunfará en alta mar
la voz del huracán?
Vasto es el mar
y su historia de náufragos
inmolados en su vaivén alquímico.
Olas vienen, olas van.
Ahora soy
el capitán de mi navío.
De estribor a babor,
danzan las penas.
* * *
LUIS DIAZ GONZÁLEZ (Bogotá, 1957)
CEREMONIA
Gotas frescas:
sangre que recorre piel suicida,
mariposas negras
que aletean cada poro,
sensaciones de algún ángel
entre el lodo.
Olas altas
que con fuerza y rabia
de dolor trepidan…
La pesada enemiga ya me invade.
El párpado lucha
por sostener en vilo
las luces que se apagan.
Contra la fatiga está el deseo
de continuar la existencia
y el dolor de no tener ya tiempo.
POEMA 19.
Odiaba la academia
y me dejé someter a sus reglas,
odiaba el hogar
y me dejé confinar al potro de torturas…
Y sufrí…
Mis llantos suicidas corrían
iluminados de iras sangradas.
Dejaba de comer y de dormir
para mostrar mi rebeldía…
Caminaba sin pausas
y me ejercitaba en los recorridos por el horizonte,
lejos de los ojos de los hombres.
Me empeñaba en juegos largos,
crueles juegos para borrar la realidad…
Me escapaba para no someterme s
abiendo que luego sería el prisionero,
el torturado…
El suicidado.
POEMA 39.
Ojos ilusionados
que miran a la mentira,
rostros de mendicantes
que sueñan con el reflejo pálido de una estrella
y que asoman, momentáneamente, al infinito
para volver al mundo de las sombras.
Hordas de trashumantes y descarriados
que celebran un día
inventado por opresores
para encerrar a los libérrimos,
en el laberinto de un espejismo
que tipifica el delito mayor:
Haber nacido, tener edad
e identificación
entre un pueblo de desarraigados.
* * *
MARTHA CAROLINA DÁVILA DÍAZ (Bogotá, 1983)
EXCEPCIONES
I
Necesito del aire rozándome la espalda, de tus murmullos de ser que se debate entre la vigilia y el sueño, son tus dedos cayendo sobre las sábanas las escalinatas al mundo donde puedo habitarte. Necesito liberarme del hollín de la puta que nos asfixia, del semen vencido que se reparte en la desesperanza, no sé si los sueños alcancen a sostener mi mirada, si mi cuerpo resista las envestidas de tantos simulacros, alguien cae en un rincón oscuro, alguien se cansó de alimentar sus entrañas y yo me pregunto si alcanzarán las fuerzas para gritar por todos, si veré el mensaje oculto, si tendré la certeza de ser la destinataria o si nuevamente la apariencia me saboteará, si sus gusanos de fuego penetrarán mis sienes y el púrpura de tus pensamientos se asemejará a la muerte.
II
La distancia es mi recurso para no clavar los dientes en tu vientre, para no convencerme de la necesidad de desgarrarte hasta encontrar al fin ese que me convoca. Me pierdo entre la punzada firme de tu soledad y la sangre desperdiciada de tus brazos cercenados. Entre la monstruosa niña que anida en mis vísceras y el silencio que nace en mis labios castigados. Vago por un hotel vienés persiguiendo lo más puro de tu sombra mientras me observas con tus ojos de murciélago. En algún círculo del infierno hay un lugar para nuestros constantes desencuentros, en el vientre vacío de un pájaro muerto un niño llorará nuestra ausencia y el mar se llevará su mirada de inocente asesino. Estaremos con ellos, con los que prefirieron la muerte a la pútrida traición. Estaremos con los que nunca entendieron y con los que entendieron hasta el límite del peligro y la exaltación. Y tomarás mi mano entre las tuyas y sabrás que el infierno estuvo siempre y que sólo las promesas innombrables me devolvieron la vida.
III
Si la muerte es el olvido dónde queda lo que nadie podrá recordar, este paréntesis delineado por mi seno izquierdo. Esa noche en que te meces en el arco de mi vientre mientras juego a inventar que cuido tus gripas, que arreglo tu pelo. Debajo del sueño de lo que no ha nacido respiran esperanzas tibias que sostienen mis días. Este es el espejismo de mi felicidad, estos los pretextos yuxtapuestos para huir del vértigo que se llama septiembre o marzo. Ya vienen los cucarrones y las tardes amarillas, la niña ahogándose con su propia lengua, mientras su hermana se clava las uñas en los muslos. Siento tus lágrimas derramándose en mi ombligo y un golpe seco en la garganta me impide consolarte, escupir al mundo nuestra libertad tardía, nuestra playa serena, nuestras botellas vacías. Me recompongo en proyectos que acarician tu espalda en medio de la ciudad rota. De tantas negaciones que prometen vida y muerte. Me confirmas que creer es un vértigo, que estamos siempre al borde del abismo, de la inconciencia, de la locura. Postergar todo lo postergable, a pesar de Borges, no me hace inmortal, siento la muerte en las entrañas y la epifanía se presenta en lo necesario.
* * *
ANDRÉS FELIPE LIZARAZO (Bogotá, 1983).
JANO (A.D. 339)
El anillo estuvo conmigo
hasta el verano
del trescientos.
Seis años después
hubo una guerra
en Normandia
donde logré que mi espada
hablara ante el rey Turco.
Nada me exigió temor
mas que un arco y un truco.
En nada tuve rival,
salvo en afrontar la risa
de uno de mis súbditos.
Fui maestro de la guitarra.
Soñé el epígrafe de Blake,
las libres formas de Keats,
y el anglosajón de un Danés
que el tiempo relegaría.
Participé en exterminios
a pueblos enteros
sin soltar una lágrima
y escudriñé textos
de las más elevadas poéticas
en donde hubo diamantes.
Mi patria fue la tierra
que conquisté guerreando
con el Turco y el Griego.
Por la libertad, por mis manos,
por mucho tiempo fui
Jano, fui temerario
y luché con los Godos
en la guerra contra los Hunos,
tras la caída del Imperio Chino.
Ahora, soy de los himnos,
de la vejez
y de la historia
que se repite.
HORSES
Los vi en centauros
unidos a humanos,
los vi en la remota aldea
de una película y en Corea,
los vi en la región salvaje
que rige este universo
de azares y en mis sueños,
en mares, en olas,
los vi montados por Perseo,
Pegasus con alas,
y en las fincas
de Colombia,
en la arena,
galopando,
los vi en la idea
de un blanco y negro,
en la batalla del Zahir,
en monumentales estatuas,
en ritos donde dios es uno
y baja con un trueno
en la mano.
Sobre un semental rojo
cabalgan ciertas agonías
y ciertos miedos,
y en unas crines largas
se sostienen guerreros
y valientes, como si s
us ansias fueran únicas.
Vi narices retorcerse de bríos,
grandes dientes rechinar,
y lenguas largas
y grandes mandíbulas
sosteniendo ruda brida
antes de salir a cabalgar.
YOUNG
La juventud es una puerta
de aguas azules y profundas.
Es el terreno en el que vivo, l
os enormes pilares de un templo,
el río por el que transita
el verso que protejo con exactitud.
La juventud es un camino de aventura,
un rincón de dagas y porcelanas,
el secreto de la nieve y la ventura,
los muchos soles y distintos planetas.
La juventud, cómo negarla,
sería más fácil olvidarla que dejarla,
más sencillo tenerla que amarla.
Amo la juventud y la salud,
la imagen de la frente amplia,
las proezas de quienes murieron jóvenes
como Keats, Werther y otros poetas.
Incluso desearía con el tiempo
mi propia juventud en la tierra
y un trato noble con la edad,
así estaría feliz de poseer alma;
así me alegraría más del tiempo.
* * *
DIEGO ARTURO GRUESO (Jumbo, 1983)
FÁBULA
Una mosca soñó que era hombre. Se sintió grande y pesada, caminando por entre la multitud de caras que vienen y se alejan interminablemente. Descubrió al tratar de rascarse que tenía manos, pero no supo qué hacer con ellas y entonces se compró un cigarrillo. Se sentó en un sucio andén y mientras el humo pintaba de tenue gris todo el panorama, extrañó su pequeñez y la forma cadente como saben volar las moscas. Le empezó a estorbar la ropa que escondía su cuerpo y le impedía el libre aleteo. Le estorbó todo en la calle y las proporciones de las cosas y de la gente le parecieron absurdas. Alcanzó a ver el interior de una cafetería y se sintió triste al no poder volar hasta una de las mesas, para recorrerla titubeante y despacio, buscando dulces moronas, ignorando una ciudad que también la ignoraría.
Pero lo que más le molestó fue un dolor apenas perceptible que perturbaba insistentemente. Un dolorcillo que venía desde dentro de la cabeza, que bajaba lentamente hasta apretar de tal modo la garganta, que los ojos se le aguaron y las lágrimas cayeron incontenibles, como la lluvia cae en el frío asfalto de una ciudad que no cesaba su terco ronroneo. Miró a todas partes y, aunque rodeada de gente, se sintió más sola que nunca y no entendió porqué ser hombre dolía tanto, y no serlo importaba tan poco. Se desesperó buscando salidas y un trago de saliva fue arena pasando por la garganta y sufrimiento al llegar al pecho.
Despertó asustada y agitando las alas fue a posarse tranquila en un bizcocho gigantesco, que estaba junto a otros iguales. En ese momento la mosca se sintió tan dichosa de serlo que olvidó para siempre qué se siente ser hombre.
* * *
JAVIER NERIA MARÍN (Bogotá, 1983)
TÁCTICA Y ESTRATEGIA
Si quieres ser poeta
acostúmbrate a herir
y a ser herido
en el campo
de batalla,
allí no contarás a tus iguales entre
tus amigos, tu alma no conseguirá
descanso, no reposarás.
Estarás entre el amor y el odio,
la soledad será tu única
trinchera.
MANADA
(A Álvaro Marín, Darién Giraldo, Fernando Cely y Fernando Vargas)
Si de verdad amas
a tus amigos
no los adormiles
con tu caricia inútil.
Entiérrales, con la
dulzura del león
más íntimo,
un poema del que
jamás puedan
curarse.
EL SUICIDA
(A Raúl Gómez Jattin)
Desde que lo conocimos nos desconcertó
su manera de profanar la ley y el orden.
Había en él una capacidad admirable de
insultar nuestra parroquia y hacernos
cómplices de su oscuro sacrilegio.
No le reprochamos nunca que hiciera
énfasis en la libertad a la hora de violar
el estatuto de las buenas costumbres.
Le acolitamos el desparpajo con el que
se refería a nuestras instituciones en sus
venenosos poemas.
Le perdonamos los escándalos que pusieron
en peligro nuestros cargos y prestigios.
Fuimos buenos con él, pues entre nosotros,
que somos gente de bien, hijos legítimos de la
Ilustración, es costumbre acoger en nuestras
casas a la gente de letras,
Pero el poeta, alucinado, llegó a un punto en
que no pudo distinguir entre la libertad y la ley,
la amistad y el pudor, la complicidad y la prudencia.
Fue entonces cuando decidimos poner la bala
en el tambor de su revólver,
claro que fue él quien apretó el gatillo.
* * *
IVAN VARGAS GARCÍA (Tunja, 1983)
RISA
Sediento de literatura estoy
como los cuervos de la luna.
Empezándome desde las uñas con el abecedario.
Mido las distancias y las horas, con el crujir de las entrañas.
Un sonido embelesado hecho palabra, direcciona mi sentido.
Me cuelgo de las ondas del mar boca arriba que cuelga del borde de la tierra.
Me sumerjo en el suelo cuando quiero, lanzándome por una estratagema.
No me preocupo por el sismo de la risa,
intento ser feliz a pesar de lo sabido.
POEMA SIN NOMBRE PARA UN POETA
Enamorar pacientemente la desdicha.
En la última calle.
En el último bus.
En la mueca iridiscente de un semáforo.
Ideal lleva en el paso la suela del poeta.
Una gota de sudor,
en el mas anhelado silencio.
Una arruga feliz en su yema triste
cuando deja caer margaritas en el parque
(coliseo de la lágrima)
y arroja al viento los poemas muertos
cuando sus propios versos lo rechazan.
En la sombra exacta
de la forma citadina,
huele el jubón que le traza
el aire en el alma…
Se acoge a él mismo
y vuelve a su camino…
Es el necio caminar del poeta:
buscando sus ojos
en los ríos de lluvia
sobre los andenes
robando paisajes
en su hambruna imaginaria,
cosiendo retazos de instantes
con trozos de paloma muerta.
Intentando ser fiel
a su más próxima estrella.
Liberando esclavas formas
de la materia.
Se burla del entendimiento,
hurtando las mejores mentiras:
acariciando lo inasible.
¿Se perderá acaso el poeta
en las cosas que no tienen nombre?
* * *
FERNANDO VARGAS VALENCIA (Bogotá, 1984)
SECUENCIAS PARA LEJANA
“Yo he perdido la fe en las palabras y los exordios, y apenas me asomo al lenguaje para decir estas cosas”.
JULIO CORTÁZAR. Nota al Pie de “Retorno de la Noche”.
¿1?
Vos, distante espejo,
te vas configurando en ritmos desatados,
lo siniestro te arroja hacia un espacio
donde todo es excepción,
excepto la excepción.
Vos, mi plagio mayor,
mi más osada paráfrasis,
la diáspora ,
el pájaro que mató a la jaula,
la mujer del tango que jamás ha saltado,
Inmortal,
por la calle corrientes,
o Mendoza.
Quién de los dos es el vampiro,
quién detesta el carácter higiénico y vital
de nuestras sangres postergadas,
quién construye la figura ausente,
la batalla inútil de dos tiempos
que en su grito no se dicen nada.
No lo sé, hermana,
nuestra crueldad se subleva,
cenicienta y bostezada,
se impone heridas que fracasan
en su intento de parir ritos claroscuros.
A eso que llamamos cansancio,
a eso que decimos vigilia
(para no caer en el abismo de dos oscuridades agotadas),
el desbordamiento se le cuelga de los brazos;
A eso que llamamos tiempo,
le vamos imponiendo la anarquía
de aquellos que entretejen el despertar
en la sensación apenas torpe
de que la ficción no ha terminado nunca.
¿2?
En tu diario no aparece el día de mi nacimiento.
Evasión total de una vida que no es sólo duración,
fatiga radical de dioses
que despiertan al silencio de los hombres.
Quizá mis dedos en tus manos
dibujen signos postreros,
quizá sueñen a Alina Reyes
en el espectáculo de tu oreja
y vayan reclamándote a ti, a la inaccesible,
ese descuido de no pronunciar mi primer llanto
y de soñar así,
la forma de mi muerte.
Sabes de los pianos que se van desangrando
en el pecho de tu lejana.
La entremezclas con tus recuerdos,
la habitas como un dios que exige soledad,
vas derramando tu silencio
como en una alucinación de niña que ha perdido el aliento.
Te vas agujereando con fragmentos de días
apenas sostenidos por el lenguaje
que al azar busco para nombrarte.
Budapest… La Habana… Buenos Aires.
Pobre del que se cure de tantas anticipaciones,
de la visión automática del bandoneón agazapado,
de la convicción inútil de tambores
que se sacian con el llanto.
¿Cuál de las dos llora en tu sonrisa?
¿Cuál de las dos se asombra
de que releyamos lo cotidiano
para desaprenderlo?
No, No hay dulzura en tu llanto invisible,
hay una suerte de postergación que no anticipo,
para no agotarla en la invención de puentes helados.
Porque estás fuera del tiempo,
invado tu mano y con la mía
te voy transfigurando.
Porque el tiempo no te mide,
no en ese intento por tocar a la lejana,
te voy robando fragmentos acobardados
de esa paz evadida
que ninguno de los dos conoce .
¿Epílogo?
Habitantes del espejo
deshabitados por la imagen reflejada.
Anticipadas sombras
que optan por el silencio,
como sirenas kafkianas
cuya sordera engaña.
Resumen sin glosas
de aquél que hizo de la ceguera
una extraña forma de mirar hacia dentro.
Todo lo que nos pasa,
se nos presenta allí,
tan lejos.