Tierra esponjosa de las sementeras
tierra ocre de las labranzas,
en tu pardo cobijo ceniciento,
se gestan las semillas de la paz disipada,
el grito acongojado de la mujer ultrajada,
el aullido enlutado de la madre desconsolada.
Tierra castaña de la libertad mortecina
inhumas los brotes de la impertinente osadía,
el mugido rebelde del hombre que no se resigna,
el llanto del niño que ya no amamantas.
Tierra, tierra. Tierra de la paz.
Tierra, tierra. Tierra de la guerra.
Sepultas en el barro de la vida y de la muerte
la esperanza dolida de unos ojos extintos.