DESENFRENO

{A los que fingen amar}…

Como todos los actos regidos por el impulso de lo irracional, la amoralidad del hecho no tendría explicación sino –quizás, y sólo quizás- en el campo de la psiquiatría… Porque, en verdad, ¡cuán compleja es la mente del hombre!; sobre todo cuando ésta, aún armada de inteligencia, libertad y voluntad, carece de la mínima dirección de un espíritu sereno y armonioso, ungido por las esencias del amor verdadero.

Todo eso pensó ella en el segundo aquél en que, su prometido (burlado por la firme negativa de su novia a compartir su desesperado intento de prueba carnal, provocado por las ansias y el ambiente en que había logrado recluirla para sellar –eso creyó-, solazmente, el supuesto sentimiento maduro que los unía), reaccionó feroz ante el esquivo desprecio propinado, tornando fallida aquella noche de corolas desfloradas y ternuras soñadas, planeadas y alentadas por ese brumoso –audiovisual- dormitorio de exquisito motel suburbano; triunfo inesperado del atávico pudor femenino puesto en vilo y aferrado a los códigos morales que la Plenitud plantara, edénicamente, en la conciencia del hombre, y que los imberbes sin alma de este mundo, calificaran, impropiamente, de “clerical puritanismo”…

Claro, fue un segundo; como el de todo arrebato. Máxime el de raigambre erótica. Un arrebato lanzado por las cavernosas y oscuras aguas del deseo insatisfecho y, sobre todo, burlado. Un arrebato que la despojó de un tirón del pequeño madero de estopa con figura de mujer, en el que ella se aferrara para defender del peligro -y en tardío gesto de arrepentimiento y compungido recato-, su virginidad desguarnecida…

Fue así como, desquiciado por el rechazo de aquella novia huidiza y abrumada, irguió de pronto su sexo de semental ofendido, enardecido por una pasión incontrolable –y, a su escaso entender, ingenuamente incomprendido-, para estrujarlo luego con rabia, y enarbolarlo después con orgullo, tal como era, enorme, punzante y desbocado, montándolo en cólera y haciendo lo que hiciera, con diabólico frenesí, una y otra vez, una y otra vez…

¡Depravado!, fue su primer grito. ¡No lo hagas! ¡No lo hagas!, suplicaba ella entretanto, acurrucada y medrosa, sumisa al costado de una cama revuelta en sábanas de seda oriental irónica y amargamente purísima, mientras él, caballo en celo y bravío, encabritaba aún más su ánimo sin freno… ¡No lo hagas! ¡No lo hagas, por favor!, gemía ella llorosa como una virgen destronada y sin aliento, rogando hasta lo inútil y horrorizada hasta el espanto, que todo terminara y él dejara de bañarla, por fin, con aquella savia indiferente y embriagada en una pastosa crema de primicias humanas expurgadas… ¡No lo hagas! ¡No lo hagas, por favor, con la pequeña! ¿No ves, mi amor, que es tan sólo una muñeca? ¿No ves que es tan solo mi pequeña y vieja muñeca de trapo?

{{Piriápolis (Uruguay) y Santa Fe (Argentina) – 15-01/15-02-07.-
Integra los Libros “MUNDOS PARALELOS Y OTROS CUENTOS” – (Colección de Realismo Mágico) y «DESDE EL UMBRAL… (Terrores cotidianos… y de los otros)». Inéditos. La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2004/2007)}}.