La sombra arrodilla los muros
de la ciudad
en un ruego.
Retumba su reloj indómito
con los sueños intactos,
pero sangrando.
Bifurca su silueta la noche
cuando rasguña el cemento
en un grito.
Sus ojos agrietan las paredes
cuando transita sin nadie
calles sin huellas.
Salta el alambrado de púas
lo que queda del despojo
de sus huesos.
Eleva las manos en un hálito,
un rayo ahoya el asfalto,
es una cruz que respira sus latidos
y atiende su llamado……
Xenia Mora