{“Nunc Dimittis”}, citó {Tabith Lee} (y nadie entendió nada)
Mi Nona era una mujer de Talento en eso de inventarnos cuentos de escalofríos. Cuando escribía lo hacía Siempre (apuntando) al Corazón y, de hecho, se inspiraba echando un vistazo de reojo a sus cuadros de otoño, donde pendían –impávidos- los rostros adustos de sus maestros en terror contemporáneo; es decir, tipos como {S. King, T. Sturgeon, C. S. Gardner, D. Etchison, D. Morell, B. Taylor, E. van Lustbader, G. Dozois y J. Dann, R. Campbell, T.E.D. Kein, J. Coiné, S. R.ic Tem, J. P. Brennan, W. F. Notan, S. R. Donaldson, A. Ryan, M. Bishop}, entre otros.
Aquella vez La Silla se mantuvo quieta, pero La Máquina de Escribir, tan vieja como ella, hizo vibrar con el Destemple de su golpeteo, hasta los Ángeles que habitaban En las Tinieblas. Las flechas de su inspiración deseaban esta vez dos cosas: homenajear a aquellos inofensivos creadores de miedo, resucitándolos de algún modo de Entre los Muertos, y dar vida artificial a El Club del Sol. El Club de su nieto Petey y de su amigo, El Chino Loco. El Club del Sol o El Cuarto de Goma, donde todo se tornaba, en falso, abrumadoramente brillante y flexible.
Entonces, para el primero de los objetivos o delirio de resurrección- hizo algo aparentemente simple aunque complejo: tomó el índice del TOMO I – “Horror”, seleccionado por Charles L. Grant, sobre relatos de aquellos, sus autores preferidos en el género, y urdió uno citando respectivamente sus títulos, reunidos en colección por Ediciones Martínez Roca, S.A. – Barcelona (España), 1993. Aunque, después de cavilar un poco, pensó que su historia podría dar respuesta a ambas inquietudes…
Unos Pordioseros tocaron a la puerta, pero mi Nona no se movió de La Silla ni dejó de teclear su arcaica máquina de escribir historias de Horror. Clarles L. Grant era un exigente compilador, y para ser aceptado por su genio diabólico, su relato no podía ser distraído de lo que acontecía en El Patio Trasero de (don) Canavan, su solitario y aburrido vecino de barrio, caserón por medio. Sí, la Nona había estado más atenta que nunca de lo que allí sucediera…
Fueron chasquidos y leves susurros verdosos y sin huesos vivos los que merodeaban el jardín. Claro, Algo Repelente habitaba El Patio Trasero de Canavan. Pero sólo pudo imaginarlo por sus gemidos y olores nauseabundos, en tanto El Gusano Conquistador, al grito de ¡Muerte al Conejito de Pascua!, despellejaba los restos –abrumadoramente brillantes y flexibles- de aquellos Bebés Grávidos aún por el estertor del secuestro y posterior muerte sangrienta a la que habían sido sometidos, precisamente, por su nieto Petey y El Chino Loco, en una de sus –hasta ahora- desconocidas y espeluznantes Ceremonias Macabras con que solían festejar las principales fiestas religiosas -cristianamente heredadas por su piadosa familia-, pero fatalmente volcadas hacia el lado oscuro de aquellas noches sin lluvias, donde El Bosque Ardía mientras el planeta giraba, tontamente, sin saber porqué ni para qué… hacia la Nada.-
{{{Santa Fe (Argentina): 27-10-2007. Integra los libros “Desde el Umbral…” y “Apocalipsis Bang…”. Inéditos. La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2006-2007.-}}}