“OSCAR PORTELA, TUMULTO DE TEMBLOR Y CANTO”
POR FRANCISCO MADARIAGA.
“En el año 1975, a las 3:30 de la madrugada, descendía yo de un ómnibus rojizo y polvoriento en la capital del Chaco, y allí estaba Oscar Portela, a quien yo aun no conocía, con un pequeño grupo de amigos, esperándome. Me introduje con ellos en un automóvil y pronto nos dirigimos hacia Corrientes, a través del altísimo puente que se erige sobre esas aguas de todas las corrientes, los tigres y las frutas del corazón latinoamericano, el universal y rasante río Paraná, río de alimento total.
Llegados a Corrientes nos dirigimos hacia un viejo bar del puerto, único lugar que permanecía abierto toda la noche, y allá reconocí, en aquella madrugada, a un tumulto de temblor y gran dolor de lucidez y canto, reconocí a un hombre que vive creando y recreándose, pleno de terrores y de corajes.
Un hombre de legendaria formación autodidacta, pleno de pasado y de porvenir, emergido de toda oscuridad, brillante de infinito, a través de la poesía y de la amistad, un joyante hombre con plena floración de aptitudes publicas, rey en el entresueño de la realidad y la apetencia de lo absoluto, embistiendo contra el tiempo, como un vibrante aroma de inteligencia y de misterio.
Un hombre calidamente amigo y cuestionador nato de todas las cosas, preparado para incidir y exaltar al ser, que bajo el arbitrio de su mirada resplandece.
Oscar Portela, mi coterráneo. Un bandido especial de la sabiduría y de la gracia, que se ha extraviado en una flama lila general. Si, en una lila general, y no hay otro destino para este poeta que se asemeja a un cuestionador de la antigua Hélade, y que tiene un color de sombra de tribuno de la romania de los tiempos del gran Cesar y de, los tiempos de las sombras de los campamentos de Aníbal, entre asiáticos perezosos y africanos quemados.
Oscar Portela, templario de las peregrinaciones de la poesía, andantes por las tabernas de la filosofía aterrada junto a la poesía, que el sabe sostener en el sueño mas penetrante y lucido, entre los resplandores del ser, llegando casi al borde del crimen de si mismo.
Abusador de todas las hogueras, las sombras y las aguas, esclavo absoluto de la planificación de l sueño permanente del Río Paraná y de las aguas rosadas del río Santa Lucia, allá en Loreto, en el oasis, en el edén, el cielo allí caído.
Así vive, sacudiéndose toda la muerte y organizando su vida publica con el lila y el relámpago de su inteligencia, con un absoluto don de sueño y, al mismo tiempo, una enorme capacidad a los otros fraternidad, comunicación, desvelos, tarea de enrequesimiento propio y ajenos.
Un corazón que brinda levantando su baso lleno de miel y vino del estero de la permanente celebración. Buenos Aires.
Enero de 1988. Buenos Aires
Portela: Catalán-Castellano
No
poema de Oscar Portela
traducido al catalán por Joan Navarro
Ni el árbol alumbrado en mitad del abra,
ni el empinado pino en la densa colina,
ni el banco oscuro en su espesura
donde un hombre piensa en solitario
sobre el destino del alma errante
sobre la tierra, oculto a las miradas
indigentes, en el sendero oblicuo
que conduce a una umbría cabaña,
ni madre sentada en el «claroscuro» de un patio
en sombras, sitiado por jazmines
que deslumbran las miradas del alma, podrían ya
redimirnos de la deriva y el exilio
de la intemperie y el lamento de Hécuba
conterrada en su patria, de la tempestad
del insomnio sin amor y el desasosiego
de ser y hacer hacia lo ilimitado sin nombre,
aún sin nombre: no hay moradas,
solo espejismos de la escritura, cruz invertida
y la memoria de los muertos que alimentan
la mano en voladura: atrás el blanco
plumaje de una garza y su gracia en volandas,
deseos engendrados en el espacio aéreo
de una vasta llanura y de cálidas aguas,
atrás, atrás, sólo nos queda la ímproba
tarea de limpiar nuestras huellas y desecar
el mar -el mar, el mar-, con la espera sin duelo
de un adviento de mundo.
Corrientes, Argentina, enero de 2004
No
poema de Oscar Portela
traducido al catalán por Joan Navarro
Ni l’arbre infantat a la meitat de l’escletxa,
ni l’empinat pi en el dens pujol,
ni el banc obscur en el seu espessor
on un home pensa en solitari
sobre el destí de l’ànima errant
sobre la terra, ocult a les mirades
indigents, en la sendera obliqua
que porta a una obaga cabana,
ni mare asseguda en el «clar-obscur» d’un pati
en ombres, assetjat per gessamins
que enlluernen les mirades de l’ànima, podrien ja
redimir-nos de la deriva i de l’exili
de la intempèrie i del lament d’Hècuba
conterrada en la seua pàtria, de la tempesta
de l’insomni sense amor i el desassossec
de ser i fer vers allò il·limitat sense nom,
encara sense nom: no hi ha sojorns,
sols emmirallaments de l’escriptura, creu invertida
i la memòria dels morts que alimenten
la mà en voladura: endarrere el blanc
plomatge d’una garsa i la seua gràcia enlaire,
desigs engendrats a l’espai aeri
d’una vasta planura i de càlides aigües,
endarrere, endarrere, sols ens resta l’ímproba
tasca de netejar les nostres petges i dessecar
la mar -la mar, la mar-, amb l’espera sense dol
d’un advent de món