TODAS LAS MUJERES JUNTAS.

TODAS LAS MUJERES JUNTAS.
SON CUARENTA, SON CUARENTA.

Todo comenzó con una manzana y una mesa de planchar. La morena planchaba las camisas de tela blanca. Gorda era ella, con esa cara de mujer simpática. A lo sumo solo 5 años le llevaba de diferencia, pero cuando se tienen 7 y ella 12 la diferencia es proporcional al número de caricias que por una manzana me dio aquella tarde de lluvia, y los dos solos en una casa tan grande. Ella hecha de sonidos, aparentando un trajín de mucho trabajo. Yo ansioso por el descubrimiento de las mujeres fugases, insólitas y necesarias. En el juego inicial era una especie de bebe querido, de muñeco para el juego con sus amiguitas; hasta que pude ser el esposo que se acostaba con la esposa y por primera vez sentí como un cuerpo tibio de mi tibio juego tomaba forma desde el vientre hasta los ojos.
De niño el amor y los árboles se parecían; en los últimos jugaba al barco pirata, al botín, a las espadas improvisadas con cualquier palo. El amor era el riesgo de la última rama del guayabo, con su madera lisa, desprendiendo resina. Y ella allí, mirando. Era cautivante esa mirada de niña mujer que olía la atracción de mis pensamientos.
Es igual desde entonces, varía el tono de los ojos, los pómulos y lo que termino pensando después del amor.