LAS QUE SE CUELAN EN EL SUEÑO.
Madrugada. Pasillo de un hotel con alardes de hacienda colonial. Fin y comienzo de un día. Todos duermen, no hay testigos, no hay fisgones que miren por las ventanas. Ella camina por el pasillo, aún cubierta de amor, se lo puede leer en la piel.
Ella duerme como mariposa en vigilia. Él duerme como guerrero, profundo. Ella duerme, mientras él sueña. Ella va, él se queda.
Ya la mañana se hizo plena luz, ya la duermevela, ya el último sueño.
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