un general de la nación un escritor de la
nación
la esposa de un paleontólogo de la nación
el hijo político de un cerrajero de la nación
toda una dama de beneficencia de la nación
distinguidísima
la hermana de una galletitera de la nación
se sentaron a mi mesa saborearon mis postres
aludieron a la economía al malestar social
a los inextricables —dijeron— senderos del
arte
a la resurrección de la carne
bebieron mi licor de huevo
con el café y cada uno protocolarmente
sucesivamente obsequióme disimulando los
bostezos
irrisorias medallas rebosantes de tics y
muecas incontrolables
bastones y coronas repujados y repujadas
respectivamente
agradecieron mis cumplidos y exquisiteces
me alabaron de paso representativos federales
obligados por las buenas costumbres pero sin
prosternarse
me adjudicaron la banda presidencial de la
nación
bastones coronas tics y muecas de la nación
licores y huevos de la nación
y así seguirá siendo a lo largo y proficuo de
todo mi mandato
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