La mujer está dotada de unas cualidades distintas y superiores a las del hombre. Es más paciente y sufrida, gobierna y dirige con mayor razón y acierto; y, sobre todo, es madre. La maternidad la encumbra al primer puesto, es cocreadora, dadora de vida; la primera palabra que aprende el niño es la de “madre”, “mamá”. La maternidad es una realidad exclusiva de la constitución femenina; está destinada a la misión más alta del ser humano, de carácter “cuasi” divino. Participa en el acto creador natural. Su constitución para traer nuevos seres al mundo es el hecho más extraordinario y maravilloso, casi incomprensible e inimaginable.
La mujer europea se ha desclasado, se ha desasido de anclajes y sometimientos patriarcales, maritales y sociales, hoy puede compartir derechos, responsabilidades y faenas hasta donde la propia realidad se lo permite. La mujer ha alcanzado ya casi todas las parcelas del quehacer humano y ocupado todo el abanico de puestos y profesiones así como altos cargos directivos tanto en el terreno político como en el empresarial. Así, Iveta Radicova será primera ministra de Eslovaquia, por primera vez una jefa de Gobierno en
España no quiere hijos; sufre una seria dolencia de fe en el embarazo, no cree en el “creced y multiplicaos”. España agoniza poco a poco en su vejez; ha caído el valor de la nueva vida; para
Se aducen dificultades económicas para justificar la falta de nacimientos, en ocasiones puede ser, pero el motivo fundamental, parece ser más complejo. Es un asunto de mentalidad, de inconsciencia suicida, de consistencia social; para muchos los hijos son considerados un estorbo, un obstáculo, una molestia en su vida y profesión y un desafío demasiado fuerte en cuanto a su crianza y a su educación. En definitiva, los seguidores laicistas anclados en el relativismo no entienden que nada ni nadie les prive de su hedonismo. No quieren saber que los hijos son el mayor bien y el mejor de los regalos, por ello, necesitan grandes dosis de amor, ejemplo, entrega y generosidad.
C. Mudarra