TESTIMONIO[1]
A Sergio Bartés y su Poema Páramo (del libro Materia Impalpable), 2005. Con secreta administración…
Toque de queda. Fue en la “crecida barba de la noche”, que Nadie se encontró con Nada. Cuando charlamos –a escondidas- aquella velada del 2012, su “Materia Impalpable” (Imposible), su alma de poeta “anegado” de sí, buscando en la oscuridad el rostro de “lo naciente” y sólo encontrando pupilas electrónicas de marketing céntrico cegadas de luz –esquina de San Martín y Moreno-, fue que sucedió. Nos hicimos amigos. Sin conocernos para nada, claro. Simplemente porque él era un vate y yo un profesional acabado con ganas de serlo… Yo apenas, digo, como el Poema de él publicado en el Nº 161 de la Revista El Arca del Sur: es decir un “Páramo” de angustia y soledad inconquistable. Tal vez sintió lástima de mí. Y yo envidia de él, tan sereno y cálido a pesar de la angustia similar a la que yo rumiaba, mezcla de indignación e impotencia, porque todo era así, siempre había sido así –un “Cambalache”- y parecía que nunca iba a cambiar: injusto, vulgar, insolente y prepotente.; un mundo incapaz de pronunciar las palabras “por favor”, “perdón”, “disculpe”, “me equivoqué”, ¿”puedo ayudar”?… El rumor del helicóptero nos desconcentró. Toque de queda. Habían vuelto a conectar nuestros chips. Eran como mosquitos burlones sobrevolando las azoteas de las casas mudas de la ciudad que albergaba un amplio estero del río Paraná., mientras los que velaban el Fin de los Tiempos con fe ardiente pero esperanza temerosa, encendían por las dudas las tres velas del tercer misterio de la Virgen de Fátima, hasta que la nube radioactiva y los efluvios solares que conmoverían estructuralmente al planeta, cesaran de arrasar –menos a ellos, los puros- con a creación entera, tras empujarla hacia la profética oscuridad total que sobrevendría pronto, y ya profetizada hace milenios por mayas y ocultistas, y confirmada más cercanamente -apenas un siglo atrás- por la Mansa e Inmaculada Mensajera de los cristianos… Sergio Bartés se mostró enajenado cuando, antes del corte de conciencia, le mostré el introito de lo que había pergeñado en aquel instante inesperado –supremo- en el que nos habían dejado conectar mente y alma, cambio de turno de los controladores celestiales de por medio. Me dijo que no le gustaban los plagios. Yo le dije no lo era. Que era tomar partes sueltas o palabras sueltas de una obra cualquiera –la suya, por ejemplo- y armar una nueva historia o poema con otras partes sueltas o palabras agregadas y hábilmente combinadas. Todo un Arte, le dije. No es fácil, le dije. Nada fácil. Es como armar un rompecabezas de esos que traban la inteligencia y escandalizan el ánimo, le dije. Pero no me creyó y me negó su e-mail. Hasta deseó que el primer rayo que viniera de donde viniera me partiera en dos… Triste por la incomprensión de su ego poético destrozado, me fui “desvelado… por la ciudad, desatando nudos limitantes", a la cetrina luz ciega de un cúmulo de “carteles apagados” bajo el toque de queda… El helicóptero policial bajó rápido. A pesar de servirles hasta ahora con mi oficio de cuervo pleitero, ave de rapiña mezcladora y barredora de conflictos siempre en favor de ellos, me encadenaron por delincuente literario. No hubo cambio de guardia. La “queda” había modificado el cronograma de turnos y detectaron, adventiciamente, la infección. Como alienígenas de la Modernidad, fui transportado por ellos a su nave -a modo de un Cristo duplicado ascendiendo a los Cielos-, hasta desaparecer en un tumulto de nubes aguaceras… Me suspendieron en el aire y, luego, con singular destreza, me introdujeron al cepo volador… Todo por robarle al silencio nocturno y noctámbulo, algunos de sus secretos más temidos y reservados… Uno sabía que sus avanzados chips neuronales podían controlar nuestras mentes, pero no nuestras almas… Uno sabía que, con cada cambio de guardia, podía experimentar el llamado a libertad total… No fue impericia sino infortunio, lo mío. Me atraparon porque era “su” Toque de Queda… ¿Casualidad o causalidad? Eh aquí la cuestión… Y no había otra forma de dejar Testimonio de lo que sentía y anhelaba el corazón prisionero por fuera y por dentro, que expresarlo en código semiótico… Y lo había hecho. Antes de que la caña de pescar rebeldes me capturara, lo había hecho… Y no importaba que destruyeran las notas tomadas cuando chequearan mis bolsillos… “Lo hecho, hecho está”. Entonces supe, clara e irremediablemente, que dejaría de ser abogado; y, nutrido por los “ecos” inconscientes que se ocultaban en mi nueva psiquis, me propuse reproducirlos –cuando fuera: con Toque o sin Toque; con Armagedón o sin él- en narraciones, historias y apólogos que se perpetuaran para cualquiera, en cualquier espacio tiempo y universo visible o invisible, a cualquier hora y bajo cualquier árbol con sombra, y se sembraran en el deja vú de un alma gemela… Me llamarían frustrado, porque era cierto que no vería los resultados de mis sueños afanosos… ¿Pero, qué escritor no lo es cuando la libertad se encuentra encadenada, y la imaginación ya no forma parte del cociente imaginario del inconsciente colectivo? La revolución de los inútiles humanistas triunfaría algún día sobre los soberbios productivistas… Tengo “Visiones Extrañas”[2] sobre el particular, un Doctor de Mundos de quien aprender en su “Sillón de los Sueños”[3], en esos instantes donde urge el Testimonio, y, algún día, en algún libro, las revelaré. Será el final de un buen principio… Créalo: haya usted prendido o no las tres velas para salvarse del Apocalipsis… (Y, al momento, los cielos y la tierra se partieron en millones de millones de hostias consagradas, en una fantástica eucaristía presidida por el Justo en el Cenáculo celestial. Tuve suerte: fui una de las bocas hambrientas que recibió el alimento: un pedazo de papel en el que había garabateado delante de mi amigo-no amigo, Sergio, mi primer escrito con los signos indelebles de la palabra de la Palabra).-
ooOOoo
[1] ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina), 21-04-2010.
Integra los libros inéditos “DOCTOR DE MUNDOS II – Visiones Extrañas” (Colección de Ficción Conjetural y Metafísica). La Botica del Autor – Santa Fe (Argentina), 2003/2010 y “APOCALIPSIS BANG y Otras Historias” (Colección de Relatos Extraordinarios). La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2006-2010.-
[2] Alude al libro del autor: “Doctor de Mundos II – Visiones Extrañas” – Inédito. La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2005-2010.-
[3] Alude al libro del autor: “Doctor de Mundos I – El Sillón de los Sueños”. Editado bajo el título de Doctor de Mundos – Editorial Vinciguerra SRL, Buenos Aires (Argentina), 2000.-