MARCANDO EL PASO

Como establece la disciplina militar. Así, sin comprometer el espíritu constitucional; inoculando en la moral pública el sentido del deber democrático al uso; porque en nuestra España neoliberal la intervención del Estado queda reducida al mínimo indispensable, al sentido figurativo representado por las fuerzas espurias, ocultas en el analfabetismo político popular. Ejemplo de ello es el poder de la Banca, cuyo cometido queda reflejado en la obtención de copiosos beneficios mientras la jerarquía representativa del pueblo y la mayoría de los partidos políticos disimulan su mutismo amparándose en normas y leyes consensuadas por la inocencia ciudadana. Clara muestra de lo dicho la podemos expresar sin recurrir al esfuerzo mental.

El furor propagandístico basado en la proximidad de los comicios de mayo deja bien claro cuál es el espíritu democrático que nos caracteriza. La inclusión en las listas electorales de ciertos terroristas etarras que en su día asesinaron a personas molestas a la causa separatista ha generado un estallido de arrebato colectivo. Apenas sin tener en cuenta que, a día de hoy, semejantes personajes han cumplido la condena impuesta por las leyes en vigor. Queda, sin embargo, el lógico malestar de los posibles votantes y de quienes, sin haber depositado voto alguno en las urnas, todavía llevan impreso en el alma la angustia de tiempos pretéritos, cuando ETA segaba vidas y sembraba terror; algo comprensible pese al rigor jurídico. Comprensible, decimos, en consideración al sentimentalismo de la mayoría ciudadana, aleccionada por una política de corte retórico repugnante. Todo ello amparado por el mutismo institucional y el temor de ciertos dirigentes de tal vez más elevada honestidad a contradecir a la verdadera dirección del partido, a esos barones cuyo bagaje de discutibles éxitos los ha encumbrado. Vergüenza es el sentimiento de muchas personas cuando atienden determinados debates parlamentarios, donde el improperio y la grosería perfilan un léxico tabernario impropio de líderes significados; pero en general, la gran base ciudadana incluso aplaude el insulto cuando de sus amadas siglas algún político adorna nuestro preciado idioma con ultrajes al adversario. Sin embargo, al margen de estos comentarios introductorios, hay algo serio que nos haría pensar con mayor y más serena amplitud: las víctimas generadas por el desmedido egoísmo de las grandes finanzas, acompañadas por la indolencia de nuestros gobernantes.

Si, estadísticas en mano, echásemos cuentas acerca de la estrechez económica de los centenares de miles de españoles comprometidos con las entidades financieras, de los hombres y mujeres obligados a dormir a la intemperie por falta de una vivienda digna; de los fallecidos por la carencia de medios sanitarios, más los efectos biológicos generados por la persistente sequía que nos acosa, nos sorprendería saber cuál es el modelo de dignidad del español medio al consentir los manejos con que se nos trata. Sin adentrarnos en las graves consecuencias derivadas del paro y los bajos sueldos hurgásemos en los efectos letales ocasionados a causa de las depresiones, suicidios y demás trascendencias psíquicas podríamos comprender, con solo un destello de empatía, de qué manera el hábil manejo de la mente colectiva llevado a cabo por sociólogos, politólogos especializados en el engaño, gente adicta al soborno y la corrupción más el disimulado apoyo del poderío financiero, han sido capaces de crear escuela pública entre los políticos. Incluso de los que en la cárcel cumplen condena por diversos delitos contra los intereses del país; y la indecencia de ciertas jerarquías institucionales. El alumnado (llamémosle en este caso votante indisciplinado con su deber supervisor), siempre sujeto a los dictados emanados durante los debates entre líderes de bandos enfrentados, lejos de profundizar aplaudirá o maldecirá sin obtener respuestas nacidas de una reflexión más o menos profunda. Como referente para participar en los comicios bastará con pulsar el mecanismo de sus intereses personales; poco o muy poco cuando se trate de echar un vistazo al bienestar de sus semejantes y nada de nada si se piensa que de las consecuencias futuras podría brotar la flor de la extinción. El presente es lo que cuenta. Este es el camino señalado por los gurús de la economía mundial: un cauce con sus consabidos márgenes por donde fluye la corriente. Cada individuo podrá seguir el impulso fluvial situándose a la derecha, a la izquierda o en el centro de su curso; pero ¡ojo!, que nadie intente abrir una vía por donde escapar del sistema establecido. Quienes se atrevan a contravenir el orden fijado serán tildados de terroristas, de enemigos de la patria. Como si la patria consistiese en perfilar un territorio donde los dueños del mismo tuviesen derechos superiores a los establecidos en la Constitución. No obstante, como en el fondo de la práctica subsiste el modelo autocrático, aun siendo conscientes de que nuestra democracia no responde al patrón platónico, si la comparamos con la dictadura sufrida por los españoles durante cuarenta años, la aceptamos sin más. ¿Marcando el paso? Como sea. Todo menos volver a sostener en nuestras manos un fusil.