¿POR QUÉ MADRUGAS LOS DOMINGOS?

 

 

Los cielos purpúreos y arrebolados, mostraban la sanguinolenta contextura de sus enardecidas tonalidades. El ocaso nocherniego y crepuscular, ponía fin al agárico capricho vesperal. Una envoltura azabache y endrina, abrazaba el enrasado campomar. El silencio de la afásica noche, se aunaba con el de la pálida mar, convirtiéndose ambos en audibles e isofónicos.

 

 

Somnoliento y semidormido, encontró el frágil consuelo de la felicidad, al descubrir que soñaba con el delirio de la tenebrosa obscuridad, con el delirio de las penumbrosas tinieblas, con el delirio de la clandestinidad de las sombras. Por fortuna, todo aquello, no era más que un arriesgado sofisma de su subconsciente. Una miscelánea de irreverentes falsedades y entelequias hieroglíficas, de latentes emociones enterradas, que afloraron a la superficie de su pensamiento consciente.

 

Súbitamente, se alzó con ansias de columbrar el mundo, y comprobar que los cielos seguían siendo cerúleros y azulinos; que las campas seguían siendo feraces y umbrosas; que los sollozos y llantos, eran únicamente los ecos de las risas (…)