…no lo podemos remediar. Nacidos al amparo de la sinrazón y el atropello, a veces deliramos. No queremos comprender que la filosofía de los ensueños se debate entre la frustración y el desiderátum, de manera especial en lo concerniente a la política. Hartos de manifestarnos para reivindicar derechos democráticos, el engaño normativo, la mentira y un no va más de cinismo gubernativo o, en definitiva, constitucional, transforman las legítimas aspiraciones civiles en desilusión, cuando no en infortunio.
Legislatura tras legislatura, la misma masa humana divide en polos antagónicos su poder teórico. Luchando contra sí misma por mor de un formalismo político estable, no logra percatarse de que el doctrinario de las dirigencias contendientes enturbia la razón ciudadana. ¿Qué sabe el pueblo llano de sistemas económicos, de ideologías y tendencias filosóficas? ¿Acaso ha sido educado para comprender cuales son los valores patrios, los auténticos: esos bienes comunes alejados de banderías y loas al viento de la mentira? Adoctrinados por el poder cuasi omnímodo, los tristes correligionarios de bandos opuestos entre sí crearán, sin saberlo, un falso clima democrático. La falta de ilustración formaliza en el votante el rechazo a la diversidad. Sin ignorar cuál es la razón fundamental por la que, en general, la dirigencia estatal desempeña su labor, más de un elector, tal vez obnubilado por la palabra previamente estudiada y escogida del gurú de turno, inclina su voluntad a favor del cínico líder, ¡y vota! Acaba de elegir su propia condena, justificada por la ignorancia. Porque se ha dejado conducir sin ahondar en el contenido de las propuestas ofrecidas, le ha seducido la verborrea. Después, vuelta a empezar, indignado y sin más recursos argumentales, el apasionamiento conducirá su voluntad hacia un nuevo fracaso. ¿Qué esperaba el esclarecido ciudadano respecto a las virtudes de la Cosa Nostra mandataria? Aquí, allá y acullá, cual sea la senda escogida, encontrará, si es capaz de profundizar en cuanto a los supuestos valores políticos en general, la solución única al problema de la justicia, la equidad y el humanismo. Sin embargo, sueña (soñamos) en un mundo mejor. Desde la perspectiva del hombre (también mujer) del asfalto, ¿a que referencia asirse para acomodar la mente al imprescindible sentido de la imparcialidad. Desea conocer la verdad de cada alternativa. En el muestrario ideológico la imagen cuenta; también la fluidez verbal, ¡ay, la palabra!, y ese falso guiño al amor patrio a modo de emblemas y colorines ondeando en el vasto paisaje de los sueños. Patria, patria y más patria. Hasta en la alucinación hipnagógica, en la frontera de la vigilia y el sueño, vibra la mágica palabra. ¿Para qué, sino con fines espurios? Mientras tanto, en la contemplación mental brota el auténtico sentimiento patrio, cuando en alguna parte del sanctasanctórum la nave espiritual ciega la espita por donde se cuela la mentira. Será entonces el momento mágico del despertar; y la patria se vestirá de luto señalando al mendigo sin hogar, a la viuda asediada por la necesidad, a la quinceañera abordada por el macho envilecido… Patria, ¿por qué nos has abandonado?
¡Indecentes! ¡Ególatras! ¿No os percatáis de que mientras estáis defendiendo a la gran banca…? ¡Sí, vosotros!, políticos o no, hijos del dólar guarecidos en el hondón del fingimiento y el oprobio, sois quienes habéis hecho posible que la invencible España esté ahora mismo en las manos sucias de los… de allende los mares. No obstante, seguiremos soñando; porque es ahí, en el sanctasanctórum, donde la conciencia toma cuerpo y brinda al ser humano la oportunidad, aunque aún muy muy lejana, de que el hombre y la mujer, la mujer y el hombre, hagan ondear la bandera del amor y la justicia. Esa y no otra será nuestra patria.