Noche de azules
Escribe un verso, alma mía,
sobre brújulas y barcos de papel,
sobre rosas amarillas en tu infancia
y ese rostro que ves reflejarse en los espejos,
el aroma a misterio de las catedrales,
la eufonía de campanas que brota
en las noches azules del desierto…
Sobre la lluvia que acude a borrar el caos ordenador de la memoria
donde anida un invierno que no quiere ser evocado,
pero vuelve, en la respiración entrecortada de mi amante,
dormitando junto a mi vigilia y ese matiz arcano
que tienen los olivos centenarios cuando sueño.
Deja fluir el anima mundi hacia mis dedos,
no temas las evocaciones,
nada es locura en este mundo irracional,
nada existe más allá del árbol que florece en mi ventana,
hoy mi mente es el vacío que llena todo espacio.
Ven, contempla la luz oscura de mis ojos,
ven y asómate al pozo del recuerdo.
Somos bidimensionales figuritas en papel,
nuestra esencia anida en otra conjunción,
esto es una entelequia de lo que pudo haber sido real,
¿y qué lo es?
Dejo ir a lo que amo,
por ver si Amor toma su mano y lo regresa.
Dime si fuimos uno en otra vida,
si lo somos, si nos reencontraremos…
Pero no me dejes morir en los estruendos de la nada,
no hay tormento peor que ese silencio
donde las palabras pugnan por ser vistas:
cántale al hambre y a los duelos,
cántale a la orfandad del universo.
Hay tanta soledad… tan sin remedio,
que ya ni Dios se asoma a vernos.
Marié Rojas Tamayo
Ronda de las estaciones
Un coro de ranas saluda al que viene desde lejos.
Tres rosas trae, para la reina,
Cubierto de cenizas llega, como el tiempo,
La espada reposa en el zaguán,
Verde amanece en la colina del estero.
Bajo la sombra serpentean los recuerdos,
Nadie les dio cobija en el otoño.
La reina duerme al conjuro de su encierro,
El vientre cubierto de hojas muertas,
Ay, del que acuda a perturbar su sueño.
La puerta de cristal se quiebra como hielo,
Él, tornándose manjar de bestias,
Saborea el placer de ser veneno,
Ausente de colores y de afanes,
Perdida memoria de otro invierno.
¿Dónde quedó el aroma de los velos,
El beso prometido, el hálito del polichinela?
Nadie lo recuerda, todo se torna cruel boceto.
La reina abre los ojos y sonríe,
De su capa caen flores de embeleso.
El coro calla, brota el agua del venero,
Fluye del ramaje una oscura eufonía…
Renace en el marjal la sombra del destierro,
Verano sabe más de lo que esconde,
El enigma insondable del deseo.
Marié Rojas Tamayo
1422
Nadie aplaude a los hacedores de arco iris,
Los mares están llenos de cantos de sirenas
Destinados a apagarse en el anonimato.
La piedra filosofal rueda por los caminos
Y cada cinco segundos muere un hada.
No hay hogueras para los que sobrevuelan los tejados.
Sin violines ni conjuros practicamos la eutanasia
De una vida sin fuego, sin alquimia, sin la duda
De saber quiénes somos, dónde estamos…
Suerte de tus pasos en mi puerta, suerte de tus ecos
En mis sueños – “solo para saber si estás bien… hasta mañana” –
Suerte de la invisibilidad que generamos.
Marié Rojas Tamayo