La niebla del desamparo cubre la historia, ensombrece la vida. Y la felicidad, oculta por imperativo del destino, rebelde, sin embargo, al fatalismo de la inercia, asoma en destellos temporales que se traducen en recuerdos capaces, por fortuna, de convertir la fugacidad del momento placentero en el asidero que prolonga el tiempo en el mundo imaginario… No es suficiente… La felicidad necesita voces que la reclamen a gritos que, como dardos teñidos de esperanza, abran una nueva senda de futuro que la rescaten de su postración. Un grandioso trabajo para corazones apasionados.