INTERRELACIÓN

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Ley de causa y efecto o de acción y reacción. Un problema más a contabilizar entre las complicaciones que a diario me impongo sin saber por qué. No obstante, pienso en que todas y todos, mujeres y hombres amasados con la misma pasta, contraemos una responsabilidad en el momento de nacer. Quiero explicarme sin atropellos mentales, siendo consciente de que mi impericia literaria ha de poner serios obstáculos a la comprensión ajena.

¿Somos conscientes de que nuestros propios pensamientos, ideario e incluso lenguaje gestual tienen una estrecha relación no solo social sino también cósmica? ¿Estamos dispuestos a conceder que todo cuanto pensamos y ejecutamos está interrelacionado con lo que piensan y ejecutan los demás seres racionales? Avancemos.

Un solo pensamiento, aunque no haya sido revelado, modificará la conducta de quien lo haya concebido. Será una alteración más o menos importante según la magnitud del razonamiento, pero influyente en la propia diligencia y, por extensión, en el proceder de los demás debido precisamente a nuestra interconexión.

Aclarado este punto, si es que ha habido fortuna en la explicación, será fácil deducir que cualquier acción humana habrá de mediar, por multiplicación de hechos, en la conducta general. Es decir, existe una interrelación de la que ha sido, es y será imposible separarnos.

¡Cuánta responsabilidad la nuestra! Sin saberlo. Únicamente refiriéndonos a la actuación humana en la Tierra; pero no estamos solos en el universo.

Hoy, por ejemplo, nada más ponerme en pie me he sentido dichoso. Sin conocer el motivo. Pudiera haber sido por alguna causa emotiva susceptible de modificación psíquica, como también por cierto proceso metabólico generador de bienestar físico. En cualquier caso, gozo matutino y, por expansión, derrame de optimismo favorable a quienes habitualmente me rodean. En cualquier otra ocasión podrá tratarse de una variante negativa, favorecedora de contaminante tristeza. En cuestiones amorosas, económicas, de prestigio personal o derivadas de intereses familiares, la problemática no solo puede alcanzar cotas altas, sino también de notable riesgo. Simplemente por pura lógica, los procesos conflictivos, como igualmente los dichosos han de repercutir en favor o en contra del prójimo, máxime cuando la prensa, radio o televisión multiplican los acontecimientos, o cuando los protagonistas son famosos.

En cuanto a los efectos derivados del comportamiento social de un planeta, en este caso del que habitamos, respecto a la influencia que pueda ejercerse sobre otros mundos inteligentes, nada podemos decir que no sea especulativo, circunstancia en la que interviene la metafísica. Sin embargo, al aceptar que el universo está interconectado por mor de la actividad atómica, debemos considerar el riesgo derivado del error o de la falsa interpretación, de todo lo cual el auxilio científico nos podrá valer tarde o temprano.

Mi pensamiento pertinaz no puede apartarme de una idea mística primaria. Si en el espacio exterior a la Tierra -universo o cosmos- existe vida, ¿cómo es posible que esta no transfiera sus vivencias a otros mundos hermanos? ¿Acaso no existe la Inteligencia Universal que me ha llevado del ateísmo al panteísmo que practico por convicción? ¿Qué es, qué significado tiene el hecho de aceptar la vida cósmica sin la transferencia de valores sensitivos a otros supuestos planetas habitados?

Nada sabe la Física ni la Biología, menos aún el mundillo profano, en relación con ciertos cálculos siderales; algo tan sutil que me obliga a insistir sobre la necesidad de reconciliación de la Ciencia y la Religión. Tema este que se viene debatiendo desde tiempo inmemorial. ¿Qué intereses supuestamente ocultos impiden una aproximación tan necesaria? ¿Acaso la soberbia tiene más fuerza que el conocimiento?

Ante la falta de entendimiento entre ciencia y espiritualismo, no nos queda otro remedio a los inquietos buscadores de la verdad que valernos de la intuición. Toda búsqueda espiritual es positiva, porque transmite a los seres pensantes nuevas maneras de concebir la vida. Alejar a hombres y a mujeres, a niños y ancianos de la vida materialista, conlleva la virtud de transmitir nuevas verdades. No axiomas, sino modos de concebir la existencia con valentía, rechazando los falsos valores y espurios deseos; porque quienes estamos comprometidos con nuevos modelos de existencia, en la concordia y el verdadero amor, no podemos quedar impasibles ante los avances de la mentira disfrazada con ropajes de vistosos colorines.