Hace no mucho, para estar formado, se requería saber de una sola cosa pero en profundidad. Si salía de por medio una nueva disciplina, era mejor olvidarse y ahondar en el conocimiento requerido y bien especificado. La enseñanza equivalía a lo que padres y abuelos se habían empeñado en enseñar a sus hijos. Para ser un buen abogado, había que estudiar todo tipo de derecho, siempre y cuando se tratara solo de derecho. Para ser un buen científico, ocurría algo parecido.
Se era un buen biólogo cuando se sabía cómo operar con el genoma; pura biología. Hoy en día, a los grandes biólogos, como [Sebastian Seung->http://web.mit.edu/~bcs/people/seung.shtml» title=»Sitio web del investigador» target=»_blank] , les gusta definirse como neurocientíficos computacionales.
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