Con falsas promesas, mujeres viajaron a un calvario en Panamá

Tras una larga travesía, el crucero ancló en Colón (Panamá), tripulado por 80 griegos ávidos de mujeres. Hicieron negocio con un español, dueño de uno de los tres burdeles del puerto (La Flor, La Olimpia y El Ice Palace).

Los hombres tiraron colchonetas sobre la proa, al aire libre, mientras el proxeneta les gritaba a cuatro colombianas que subieran rápido, pues solo tenían 4 horas para el servicio. Dayana*, de 19 años, oriunda de Santa Rosa de Cabal (Risaralda), fue una de las elegidas. Frente a su colchoneta había 19 hombres en fila, mientras el primero, de casi 2 metros, estaba sobre ella.

“Cuando el tercero se acostó conmigo empecé a sangrar, porque era más grande que el anterior y parecía un loco”, contó Dayana, un año después, a la Fiscalía 15 Especializada en Derechos Humanos. Antes de desmayarse y quedar inconsciente durante dos horas, 11 griegos la habían penetrado. La joven fue llevada a un hotel y, dos días después, le informaron que tenía una deuda de 1.000 dólares por no atender el servicio completo.

Dayana se había mudado a Panamá un año antes, luego de establecer contacto, por medio de sus vecinos, con un tal Rubén, que le ofreció trabajo de recepcionista en Colón. Cuando llegó, él mismo le quitó el pasaporte y le informó que ejercería la prostitución y que le adeudaba 1.800 dólares por el viaje. Lo mismo les dijo a las otras 14 mujeres que vecinos de Santa Rosa le recomendaron para llevárselas.

A los ocho meses, Dayana planeó su huida. Enamoró a un cliente y, con la excusa de atenderlo a domicilio, lo convenció de que la ayudara a llegar a Ciudad de Panamá. Una vez allí, se presentó en el consulado colombiano, que dio aviso a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que la repatrió. Por este caso, el juez único penal del circuito especializado de Pereira condenó a 10 años y 4 meses de cárcel a una pareja de Santa Rosa, Juan Carlos Martínez Rojas y Diana Katherine Salazar Morales, por reclutar a las mujeres. Por Dayana les pagaron 300.000 pesos.

Esta historia es una de las 15 que se escribirán sobre sendos maniquíes que, el mes próximo, empezarán a recorrer el país como una estrategia de sensibilización planeada por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. La iniciativa, que desde hace más de diez años se viene implementando en ciudades como Madrid y Nueva York, tendrá su versión para nuestro país, que es el tercero de América Latina en emisión de personas con fines de trata, según los datos de la misma entidad (el primero es Panamá y el segundo, Venezuela).

Solo la Fiscalía 15 Especializada en Derechos Humanos y DIH, de Bogotá, que intenta centralizar los casos de trata trasnacional, tiene 134 expedientes activos, que involucran a unas 400 mujeres, la mayoría, con algo en común: su destino ya no es Asia, como hasta hace un par de años, sino Centroamérica.

Otra historia que podría leerse sobre los maniquíes es la de Astrid*, de 23 años y nacida en Anserma (Caldas), quien se fue a Guatemala. Llegó al centro comercial Plaza Las Cascadas, en Ciudad de Guatemala, exactamente a la discoteca Zeus, administrada por Bruno, un lugareño que era el hombre de confianza de Alexis Juárez, un presunto narco caleño con varios negocios nocturnos en esa ciudad, asesinado el 6 de junio del 2011 de más de 40 disparos de fusil.

Astrid fue encerrada en una de las tres casas que Bruno tenía para esconder a las mujeres que se prostituían en Zeus, bajo la custodia de un hombre armado. Vivía con otras 11 colombianas. Como todas, comía solo una vez al día y nunca recibió ni un peso por su labor como prostituta, que más parecía una esclavitud, porque estaba pagando la deuda de su viaje.

“Pensé que había llegado a un buen lugar, porque se veía mucho ‘traqueto’ y plata, pero después de lo de Laura me di cuenta de que estaba en el infierno –relató Astrid–. Sin querer, Laura le rompió una cadena a Bruno y él se quitó la correa, nos reunió y nos dijo: ‘Lo que van a ver es para que sepan qué le pasa a la que no respeta’ ”.

En el expediente se relata la paliza: “Le pegó primero con la correa y le decía ‘arrodíllese y pídame perdón’, pero ella, orgullosa, no accedía; luego pidió un cable de la luz y le pegó de nuevo, pero ella seguía sin pedir perdón; después le puso un trapo en la boca para evitar los gritos y pidió una trenza de cables; ella ahora sí hacía señas de querer pedirle perdón, pero él ya no le permitió nada, la golpeó hasta que quedó inconsciente”.

Después de este hecho, varias de las colombianas empezaron a escribir cartas de su puño y letra que a diario lanzaban por las ventanas de la casa. En diciembre del 2011, un transeúnte llevó una de las notas al consulado de Colombia y, en menos de un mes, la OIM y la policía las rescataron. Por estos hechos, el 30 de marzo del 2012 fueron capturadas diez personas en Colombia. Bruno sigue libre.

*Nombres cambiados

Víctimas, en obra de teatro

El Ministerio del Interior, con apoyo de UNODC y la OIM, realizará una gira desde el próximo 4 de abril por Cali, Cartagena, Medellín, Bucaramanga y Pereira (las ciudades con más víctimas de trata) con una obra de teatro llamada ‘5 mujeres un mismo trato’, protagonizada por víctimas y dirigida por Alejandra Borrero.

ONU, contra la trata

Corazones azules ‘made in’ colombia

En menos de un mes, los colombianos podrán encontrarse con unos maniquíes blancos que instalará la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en plena calle. En Bogotá estarán en el túnel del aeropuerto, la zona T y el parque de la 93. Y, a partir del 4 de abril, viajarán para acompañar una campaña del Ministerio del Interior. Los maniquíes, que son fabricados en Bogotá y que llevarán escritos en su cuerpo la historia de 15 colombianas víctimas de trata, hacen parte de una campaña mundial de las Naciones Unidas, conocida como ‘Corazones azules. En la versión colombiana, cada maniquí tendrá unos audífonos, en los cuales se podrá escuchar la historia de la víctima de trata a la que representa. Será una exposición itinerante.

El drama, en espacio triple A

La serie ‘La promesa’, de CMO Producciones, que Caracol empezó a emitir el lunes pasado, explora el tema de la trata de personas. La productora Clara María Ochoa, su creadora, cuenta que la impactó mucho ver los casos de niñas desaparecidas en los noticieros, y que, luego, con el apoyo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC), nació el interés en crear una serie que sirviera para que ningún ser humano caiga en estas redes, que ‘pintan pajaritos en el aire’.

JORGE QUINTERO
Redacción Domingo