Para que no entrara el cuco

{{Las noches se hicieron calientes y tuve que cerrar las ventanas para que no entrara el cuco. Tuve también que cerrar la puerta de calle para que no se abriera sola en la madrugada y tuve que dejar prendida la luz de gas para ver el peligro y poderlo distinguir. Tenía el cerebro confundido – aún no he podido ordenarlo – y la vieja espina aun me lastima el corazón; fue por eso que no pude ir a visitarte.}}

{{Emily Dickinson;de su correspondencia.}}