Frente Guasú adelanta que no escuchará “a presidente usurpador”

La bancada del FG decidió no asistir a la rendición de cuentas que Federico Franco presentará ante el Congreso por considerar que este accedió al cargo de presidente de manera ilegal e ilegítima.

“No podemos ir a escuchar a una persona que está usurpando el cargo de presidente, y que accedió a la presidencia a través de un golpe de estado” dijo el senador Carlos Filizzola.

Sin embargo, hace poco menos de un mes, el FG a punto estuvo de llegar a un acuerdo con el Partido Colorado para trabajar juntos en el senado. Esto hubiese implicado diálogo permanente con senadores que votaron por la destitución de Fernando Lugo.

Aunque entendible, la decisión de la principal nucleación de izquierda evidencia ciertas incoherencias. Una vez destituido Lugo aquellos que consideraban ilegitimo el proceso que lo desalojo del cargo, tenían dos alternativas: abstenerse de participar en las elecciones que según su opinión eran producto de un golpe institucional, o unirse e intentar recuperar el poder corriendo el riesgo de, en caso de no ganar, legitimar el triunfo de quienes consideraban y aún consideran como “golpistas”.

Cuando parecía que se habían decidido por la segunda opción, se produjo la fractura interna que sentenció las de por sí limitadas chances de la izquierda. Aunque finalmente lograron siete bancas (cinco el Frente Guasú y dos Avanza País) los partidos tradicionales fueron los grandes triunfadores, y el luguismo no hizo más que legitimar el juicio político y fortalecer a los sectores más conservadores de la sociedad paraguaya.

Si a esto le agregamos que Lugo recibió a Cartes (legítimamente electo por el voto popular pero actor decisivo durante el proceso que terminó con su destitución) en su residencia particular para conversar sobre las posibilidades de un acuerdo que permitiera llevar una agenda común una vez que asumiera el nuevo parlamento, la imagen proyectada ante la comunidad internacional e incluso la opinión pública local, no es la mejor.

Desorientada y torpe, la izquierda busca la manera de acomodarse a la nueva coyuntura y mantener insignificantes espacios de poder sin renunciar a sus proclamas, aunque esto implique incoherencia y falta de compromiso con las consignas que defiende, torpeza que quizás sea hija de aquella con la que Fernando Lugo manejo la crisis política que lo quitó del poder en junio de 2012.