Ya no vienes a mí, como otros años, primavera.
Ya no puedes hacerme feliz con tu alegría.
como antes, cuando yo era un niño, y tú llegabas
con tus aros de sol, rodando el día;
porque sé que apenas sombra, leve sombra,
errante a otros valles te encaminas.
Bajo el beso estival madurará todo,
concebirá la ardiente tierra estremecida
y se acabará tu hermosura, primavera.
–Con la nueva flor, surgirá la nueva vida.–
Estos árboles que ahora reverdecen
pronto quedarán como esqueletos, -amarillas
visiones de otro mundo– poseídos por la muerte
que en sus troncos oculta se adivina.
Los pájaros que, en su tiempo feliz, con alborozo
a sus hombros cimeros se subían,
cuando despertaban bellos y ofrecían frutos
y en sus ramas los nidos suspendían,
ya no vendrán a animarlos con sus gozosos trinos
en el trance fatal de su agonía.
¡Primavera de los niños, de los pájaros!
¡Primavera de los inconscientes, primavera finita!
He sentido que te vas igual que vienes
y me ha dado mucha pena tu alegría.
¡Ven a mi corazón y no a mis ojos!
¡Hazte savia vital aquí en mi fibra!
Yo soy un árbol más, un ser terreno
ansioso de romper en nueva vida,
y espero a la vez la flor y el fruto,
y el perenne candor de tu sonrisa.
Tú infundes la afloranza de otros mundos,
de otros valles, de tierras no presentidas;
y al ver estos seres misteriosos, inmóviles,
que no aman ni temen y en su prisión no gritan,
un aire me enardece, un imposible anhelo
de volar a otros astros, a otros climas…
¡Angustia humana, terrible angustia humana,
de querer arribar a la inexistente orilla!
Llegará el torvo invierno, al alejarnos
del fijo Sol por su órbita finita,
amenazando destruirlo en su ser todo,
sembrando las tormentas con su ira.
Mas ya no temo su rigor. Los árboles
en la nueva primavera resucitan.
¡Augurio feliz de otra existencia,
en el eterno retorno de la muerte y la vida!
Eres promesa de la tierra, primavera,
constante prefiguración de eterna dicha.
Más, ¿por qué me ofreces lo que llevarás contigo:
este verdor de juventud, de amor, esta alegría,
y el sueño confortante de la mujer amada
y la esperanza, que renueva en mí otra vida?
Todo lo llevarás contigo, primavera,
y mi alma quedará triste y vacía.
¡Ya nada me queda, si no es Dios; vivir tan sólo,
morir, como se mueren los árboles un día!