Impávido ante las olas, inquieto ante su voz, confundo las amapolas con cualquier otra flor. Me parece igual su risa, igual su forma de llorar, su mirada, me lo dice todo; Empantanado y no lo parecía empantanado y yo que no quería,... ¡no!, que ¡no! Por favor, -repetía- Hasta el
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