Crecí hasta los 4 años en un conventillo de Buenos Aires, esas casas donde viven un montón de familias compartiendo baños, la canilla del patio, el gallinero del fondo…
Mi padre, empleado del estado, compró un terreno a unos 25 km de la capital, lo que, en esa época, era casi “el campo”.
Cuando nos mudamos, la casa no estaba terminada, tenía piso de tierra, le faltaban ventanas… y las víboras y los ladrones entraban de noche en la casa sin problema ninguno. Quedaba a 150 metros de una “villa miseria” de 25 manzanas.
A los 6 años comencé la escuela primaria, donde muchos de mis compañeros eran moradores de la villa. Yo nunca tuve ningún tipo de prejuicio, iba a estudiar a la casa de ellos o ellos venían a mi casa, y las personas se sorprendían como yo, siendo “del asfalto”, entraba en la villa sin miedo e iba a estudiar en los “ranchitos” de piso de tierra y techo de chapas sueltas. Eso fue una buena experiencia para mí, pues con el correr del tiempo, algunos de mis colegas de la villa, fueron ingenieros, otro empresario… mientras que algunos del “asfalto” fueron ladrones…. probando esto más una vez que a pesar de ejercer una influencia considerable, no es el entorno lo que determina la personalidad del individuo, sino su propio sentido de ética y su decisión de construir su futuro.
Cuando terminé la secundaria, recibido de técnico en electrónica, estuve un tiempo sin trabajar en ninguna empresa; en vez de eso, me dedicaba a dar clases de flauta dulce, guitarra e inglés a domicilio, montado en mi bicicleta Philips, en barrios de gente rica, que podía pagar un profesor particular para sus hijos. Yo tenía 18 años y había sido autodidacta en música y ya era también profesor elemental de inglés, así que esas fueron mis primeras experiencias laborales. También me asocié con un pastor de la iglesia donde yo iba, haciendo service de TV (a válvulas, blanco y negro!) e instalaciones eléctricas, domiciliares e industriales. Relato todo esto para suministrar el concepto de cómo adquirí mis experiencias profesionales, y en qué tipo de ambientes fue.
Dos años después conseguí mi primer empleo como técnico en electrónica, en una pequeña firma que armaba amplificadores y fuentes de alimentación. Fue ahí donde comencé a destacarme en mis habilidades profesionales, y fue ahí donde comencé a ver la falta de ética en los empresarios argentinos: el dueño llevaba al taller los problemas de la empresa, sólo hablaba de “cheques rebotados”, falta de dinero en el banco, etc. Nada de mejorar la producción ni el nivel técnico o la cualidad de los equipos.
Antes de un año yo ya estaba procurando otro empleo, pues en ese intervalo ocurrieron dos cosas: mi padre falleció y me casé, así que no podía estar esperando recibir mi salario atrasado como si fuese una dádiva del cielo. Entré en una gran textil, como Oficial Electricista.
Esa sí que fue una gran experiencia! Una empresa de 10.000 m² de maquinarias, galpones y estoque, no tenía problema de sueldos, se pagaban las horas extras, tenía todos los beneficios sociales… era una empresa de verdad.
Ahí aprendí otro aspecto de las empresas argentinas. Los más antiguos me “enseñaron” lo siguiente: “no te calientes (no te esfuerces), haz tu parte economizando al máximo tu capacidad y energía, deja que los otros se maten trabajando”. Y también: “estás precisando de eso? llévalo, la empresa tiene dinero, total, quien va a saber?” Y más: los más “expertos” iban a dormir en lugares escondidos y después recibían horas extras!
Alguien puede pensar que ese era un caso aislado, pero no. A lo largo del tiempo, y en las empresas (más de 10) en que trabajé en Argentina, ESE era el patrón, el modelo de comportamiento de los empleados. Ser eficiente? para qué, si total no te lo van a reconocer?, ser competente? para qué, si lo que tu mejoras, es desperdiciado o disfrutado sólo por el dueño?
Y ahí viene la otra parte: Los empresarios tenían una ganancia, un lucro de 150%, 200% o más, con productos de mala calidad. La frase despectiva que corroboraba lo que digo era “ja! industria argentina”, queriendo decir que el producto nacional, no podía ser bueno.
Pereza, robo, falta de ética, eran las lecciones que se aprendían. Explotación (como en la Marion Chic, una empresa que fabricaba lencería, donde las pobres operarias no podían levantar la cabeza de su costura, porque si no eran despedidas), falta de ética empresarial, como aquél empresario que me dijo “mira, si la placa de la central telefónica está sin defecto, le metemos 220 Volts para quemarla, porque yo gano con el cambio de la placa, no con el servicio”, y cuando yo le dije que no iba a hacer eso, comenzó a proferir todo tipo de insultos.
No conforme con mi experiencia propia (que podía tener un punto de vista personal, subjetivo, particular, como quiera llamarlo), comencé a preguntar a muchas personas como era en los lugares donde ellos trabajaban, y el patrón se repetía! Con algunas variantes, pero el modelo era el mismo. A nivel gobierno, ese tipo de conducta se llama corrupción, y no faltaba en ninguna de las esferas gubernamentales!
Con la dictadura militar, ocurrió un fenómeno interesante: uno de los gobiernos, el del Teniente General Juan Carlos Onganía, trajo al país un período de florecimiento económico inusitado: lo ferrocarriles, por primera vez en la historia de Argentina, dieron superávit. Las tasas de interés bajaron, las industrias prosperaron… sólo que intrínsecamente no había cambiado la idiosincrasia aprovechadora de los grandes empresarios.
El ministro de economía Adalberto Krieger Vasena y su seguidor, el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz destruyeron la industria argentina, cuando quitaron las trabas a la importación. De repente, comenzaron a llover productos importados, de calidad muy superior a los nacionales y precios mucho más bajos. Muchas fábricas tuvieron que cerrar sus puertas. Esta medida habría sido de resultados muy positivos, si se hubiese acompañado con líneas de crédito para mejoras tecnológicas, pero, si las hubo, fueron pocas, limitadas y pésimamente aprovechadas. Esa habría sido una gran oportunidad para el saneamiento de la industria argentina… mas no fue.
Frente a todo ese desbande económico, con las terribles crisis, huelgas y manifestaciones, es que comencé a hacer un análisis de las CAUSAS, pues esos son solamente los síntomas de una enfermedad ya crónica, enquistada en ese país y con un origen histórico que es bueno recordar. Pero antes, permítaseme mostrar unos pocos datos:
Población Total 36.260.130 69%
“Gran Buenos Aires” 16.603.341 31%
Superfície Total 3.745.249,9 92%
“Gran Buenos Aires” 307.774 8%
Quiere decir que en menos de la décima parte de la superficie del país está concentrado un tercio de su población!
Circulaba un eslogan en Argentina, que decía que “Argentina no termina en la General Paz” (la avenida que delimita el perímetro de la Capital Federal). Era parte de una supuesta campaña de concientización, pero en realidad, la Argentina, casi termina en la General Paz, pues después de ella vienen los 24 municipios que constituyen el “Gran Buenos Aires”, o área metropolitana.
Con ello quiero significar que, lógicamente, lo más representativo de Argentina es Buenos Aires, los “porteños”, como se denomina a sus habitantes. Las ciudades “importantes” del interior, es decir las capitales de las provincias, salvo Rosario, que es ciudad importante, pero no capital, no tienen el poder social para hacerlas representativas, sin embargo es en el interior donde se encuentra más honestidad, donde la música argentina encontró sus mayores exponentes, donde el trabajo es respetado por el trabajador y el trabajador respetado como trabajador (pero ahí también, no por sus patrones). Es lo que en Argentina llaman de “la ley del embudo”: todo al contrario.
Ahora sí, con ese pequeño dato presente, presentaré una brevísima reseña de la evolución de ese país.
(Comentario: evitaré mencionar nombres, fechas, batallas, etc., que convertirían este ensayo en un libro de historia; los datos pueden ser consultados y confirmados en cualquier texto de escuela)
Como todos los países de América Latina, Argentina no fue colonizada, fue conquistada. Los fundadores de Buenos Aires, entraron a la fuerza, fueron combatidos y derrotados por los aborígenes y los que vinieron después también entraron a la fuerza. Las aniquilaciones de tribus enteras de indígenas, las guerras civiles, dieron a Argentina una base histórica de “golpear y esconderse”, de tomar posesión de las tierras y tener que defenderlas después (porque antes no eran de quien las poseyó!) Sin embargo, vean la marcada diferencia de cultura en el noreste del país… por qué? porque esas tierras SÍ fueron colonizadas por los Jesuitas. Ellos fueron los únicos que hicieron una acción colonizadora en el lugar donde fueron enviados.
Vean Buenos Aires: aceras estrechas, calles angostas. Buenos Aires todavía conserva el espíritu del Fuerte, donde el miedo constante era del “malón” (indios atacando) que en cualquier momento se haría presente.
El primer gobierno patrio! já! para salir de las manos del rey de España? no!! para que el pueblo fuese independiente? no!!! PARA QUE LA OLIGARQUIA OCUPASE EL PODER!!! Fue sólo para eso que se forjó la Revolución de Mayo de 1810. Echemos un vistazo a quienes eran los “ilustres ciudadanos” que formaron el primer gobierno patrio. NINGUNO de ellos era “del pueblo!!” Prueba de ello es que la esclavitud continuó por mucho tiempo después, los “capangas” continuaron sus torturas habituales y la explotación del trabajador rural no disminuyó, ni la discriminación del “payuca” (persona del interior del país).
El porteño arrogante, con su mirada de superioridad y su boca curvándose hacia abajo en las comisuras cuando habla despectivamente de sus semejantes, pasó a ser un arquetipo del argentino, mientras que la humildad, la sabiduría nativa y la nobleza del “gaucho”, de los indígenas y personas del interior, pasaron completamente desapercibidas, salvo por algún humorista observador.
El “piola” porteño, el “vivo” que te roba en tu cara sin que lo percibas, pasaron a ser motivo de orgullo del porteño. Y ese fue el material de exportación y la fuente de chistes sobre argentinos. Que no tienen nada de exageración ni de mentira…. los chistes, no los argentinos!
Quien va a un restaurante en Buenos Aires, es atendido por un mesero que lo mira como si usted estuviese invadiendo su espacio. Si va a pedir una cosa fuera del menú, cuidado! puede hasta ser tratado de loco, y lo mínimo que consigue es que tuerca la boca o comente con el cajero señalando para usted. Reclamar de la comida? ÉL VA A DISCUTIR CON USTED!!!
Quien va a una tienda y dar una mirada a la mercadería sin comprar… recibe las peores miradas de reprobación. Si tiene la osadía de preguntar precios o detalles al atendiente, peor! Mejor ni pise más ese local!
Con un contexto así, cómo Argentina no va a sufrir crisis tras crisis?
Será que alguna vez aprenderán?

