a veces siento
donde se ocupan los lugares,
donde mis manos bordadas
y las mariposas banales
para todo cotidiano representan.
No obstante de allí
sentado y hasta que amanezco
pienso en lo innegable en que degenera.
Cómo con mis manos pudiera
arrancar sus cabezas,
para fracturar las reuniones,
para hundir esa queja maldita.
Sangre voz que gotea aparición fugaz,
dime cuánto caminaré por estas calles
de desparramada niebla,
aguardando encajes, encajando piezas.
Tiempo en que todo debería ser proscrito,
y es que recuerdo las amenazas
antes de empezar a disiparse,
entonces me sentaba confiado
hasta que dejaba de ser sin lucha,
enfermo
y saltaba al cuarto para proyectar
el futuro con el recuerdo,
soportando zumbidos de contravientos,
observando a mi mano haciendo trazos,
echando todo contra la pared
para poner a tropezar a otros,
desentendiéndome
para luego culparme.
Inconfundibles noches de Manhattan
sorpresas todas en un mundo sin nombre
donde la abominación del vicio,
en nuestro moderno medieval,
abre una fosa comunitaria.
Sangre de verdad no te pido nada,
te apareces de sorpresa por uno y otro lado
exclusivamente entera
y hago una retrospección
arrastrando sogas, desarmando jaulas.
Enero del 2004 New York

