CLAUSTRO

A azares y venenos encomiendo
la salvación de mi vida no eterna:
Alma desnuda y carne solitaria,
zarzales de cristal en las arterias.

Ni el hábito asumido del dolor
redime purgatorios y cegueras;
guardo en un especiero las cenizas
de tu olvido y hambrunas irredentas.

Llueve polvo de amianto bajo el humo,
en él, tu alma insubstanciada, pétrea,
se embebe de sabor a piel en ascuas.
Escogiste mi muerte como emblema.

Clausuro, tras de ti, mi claustro al duelo
y al placer, a la gloria y la miseria.
Me reconcilio al fin con mis abismos.
Alma y carne desnudas, así sea.

Ricard Monforte 0905