¡ Ay, las armas cobardes
apagaron tu vida!
Qué triste aquella tarde
Calurosa y encendida
No tienes quien te aguarde
Desde el oscuro día,
Tu vital llama no arde
Se acabó tu alegría
Sólo cabe enterrarte
Con esa (tu) fantasía
Y así poder velarte
Con (tu) lírica poesía
¡Al fin! Que Dios te guarde
bien, en la despedida
que para recordarte
queda toda una vida.
Ya resuenan los ecos
De ese tu Cante Jondo,
Son como largos flecos
Que invaden lo más hondo
Caballo, luna y muerte
Un sentir verdadero
Que derramas y viertes
En tu gran Romancero
Costumbres populares
E imágenes modernas,
Formas tradicionales,
Surrealistas y ya eternas
La muerte: obsesión fatal
Un presagio constante
De ese tu amargo final
Tan trágico y frustrante.
Y ahora…
¿qué será de tus ríos
uno llanto y otro sangre?
Los tendré que hacer míos
Ocultando el desastre,
El dolor y la angustia,
Que ignoran ha surgido,
Aunque, una guitarra mustia
Exprese su quejido
No acabará de tocar
Esa triste guitarra,
No acabará de llorar,
Porque nadie la calla.
Y esa tu luna loca
Al saber de tu muerte
Piensa que se equivoca
¡Quiere volver a verte!

