ABADDON O EL APOCALIPSIS SEGUN SABÁTO por OSCAR PORTELA

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Un analisis contenido de toda la obra del gran escritor Argentino Ernesto Sábato a partir de su gran Novela "Abaddón El Exterminador" -Oscar Portela

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Abaddón es un inmenso confesionario en medio del Apocalipsis donde se reproduce la confesión mas larga y dolorosa de que tenga memoria la creación contemporánea: el acta de testimonio de una impotencia fecunda en sus catastróficos resultados. Oscar Portela

{{ABADDÓN O EL APOCALIPSIS SEGÚN SÁBATO Ensayo reelaborado por Oscar Portela

Luego de actualizado el movimiento por el caos, la naturaleza, llena de culpa, acaso para liberarse de la mala conciencia, invento al artista. Aquí nacen los misterios de Eleusys.

La tragedia, en la cual el artista, mediante la representación, o movimiento y drama, expulsa de si los monstruos que la naturaleza ha depositado en su seno exorciza el mal y ordenado, el caos mediante la danza gozosa del ditirambo, dejando relegada la voluntad deéxtasis dionisíaca, que al afirmar el dolor en medio de la tempestad, glorifica la existencia en pos de la luz de la apariencia ejemplificada por la serenidad celeste de Apolo.

Glosando dicho operativo, Nietzsche pudo decir: "Tenemos el arte para no morir de la verdad". Hasta aquí lo que el mismo llamaría luego, prejuicio teleológico en la interpretación estético-moral de la que el hombre seria víctima acaso por predestinación metafísica. Tratase en efecto del triunfo palmario de las fuerzas reactivas sobre el campo activo de las mismas, que inficiona la visión del mundo proyectada desde siempre en el terreno del arte y !a filosofía.

Mas tarde volvería Nietzsche en su lucha contra el nihilismo según los cánones de la hermenéutica genealógica, a procurar el triunfo de Dionisos sobre la mentira apolínea; es decir, sobre la justificación estética del mundo dada a luz en su obra "El origen de la tragedia en el espíritu de la música".

Se explica así que Nietzsche llamara a los artistas raza de histriones, conforme a su manera de jerarquizar tipológicamente los fueros humanos. Nunca sin embargo este hombre que exalto el pesimismo de la fuerza, el fatalismo liberador dionisíaco, el nihilismo activo, frente al nihilismo pasivo, dejo de sentir como equívocos, solo explicables según aquel esquema arriba presentado (a mi juicio) preferido.

"El deseo de destrucción, de cambio, de devenir puede ser la expresión de una fuerza demasiado preñada de porvenir (como es sabido, mi término para indicarlo es la palabra dionisíaco); pero puede ser también el odio de los fracasados, de los renunciadores, de los mal formados, que destruye, debe destruir, porque lo que existe, toda existencia, y hasta cada ser les indigna y les excita".

Y más abajo Nietzsche explica cómo el eternizar puede por otra parte, así en el arte clásico no el de Winkelman o Lessing, derivar de: "gratitud y de amor; un arte que tiene tal origen será siempre un arte de apoteosis, acaso ditirámbica como Rubens, feliz como Hafis, clara y bondadosa como Goethe, difundiendo un homérico resplandor de gloria sobre todas las cosas; pero puede ser también aquella tiránica voluntad de quien sufre gravemente, que sobre la particular idiosincrasia de su propio sufrimiento, sobre lo que es más personal, particular restringido, querría imprimir el sello de una ley y construcción obligatoria y que por decirlo así, se vindica sobre todas las cosas sellándola con su propia imagen, con la imagen de su propia tortura, marcándola con el hierro candente. Este último es el pesimismo romántico en la forma más expresiva: ya sea como filosofía schopennhaueriana de la voluntad, ya sea como música wagneriana".

En el phatos romántico está efectivamente trazada la óptica de la tiranía, de los efectos; óptica patológica deformante, que tipifica esta pregunta, clave de la gran metafísica tipológica y genealógica estudiada por Deleuze en Nietzsche: "detrás de la oposición entre clásico y romántico ¿no se ocultará la oposición entre lo activo y lo reactivo?". Nietzsche concluye: "debe comprenderse que a todo gusto clásico corresponde una cantidad de frialdad, de lucidez, de dureza; sobre todo la lógica, la felicidad en las cosas intelectuales, las "tres unidades", la concentración, el odio contra el sentimiento, la sensibilidad, el sprit, el odio contra lo que es breve, agudo, ligero, bueno; no se debe jugar con las fórmulas artísticas: "se debe forjar la vida de modo que se deba formular después".

La óptica romántica, hija de la interpretación teológica moral de la vida que se halla en la base de toda gnoseología y de toda estética como tal, se relaciona con la conciencia de culpa y falta y temor místico, hallada en el origen de la frase más antigua dicha en los umbrales del clareo de la civilización occidental:Anaximandro en la traducción de Diels-Kransz

"Desde donde las cosas tienen su origen, hacia allá tienen que perecer, según la necesidad, pues tienen que pagar pena y ser juzgados por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo".

Este sentimiento de expatriación, de apatridad de lo uno, conforma en efecto la pasión estética del artista romántico, sojuzgado por imperativos de culpa; por la morbosa fascinación de lo monstruoso, del caos, de la beance.

Dentro de esta tradición se ubican inequívocamente los desbordes del irracionalismo moderno; surrealismo, existencialismo, dadaismo, vitalismo, futurismo, abogan por una vuelta a los orígenes. Así se trazan los caminos para una vida a punto de extinguirse, por obra de la monstruosa camisa de nexo de la razón, de la ciencia, de la tecnocracia y el materialismo, a que nos ha conducido la razón desbocada; máquina tortuosa y diabólica de una realidad autodestructiva.

Dentro de éste esquema de corrosión de cánones, en la que el artista, creador omnipotente de una realidad a la que forma imprimiendo el sello de un mundo jerárquicamente organizado en sus contornos ónticos, se desarrolla la historia de la novela. En esta categoría literaria el arte había encarnado un conato supremo; la fuerza del artista operada en su capacidad de recrear el mundo desde el sujeto (subjetum), exorcizando los simulacros a través de máscaras llamadas caracteres. Hasta aquí los abismos humanos habían sido doblegados por la voluntad de forma de logos.

Y ahí comienza nuestra historia humanizado el mundo mediante la puesta en practica del logos, dominados los fantasmas según figuras alegóricas en los cuales el artista sublima sus tinieblas, este existe allende las mismas, como Dios supremamente libre respecto a sus criaturas. Es entonces cuando estos poderes adquieren autonomía primitivamente hundidos en las tinieblas, domados por el hombre en el proceso de humanización de la naturaleza, se vuelven contra él.

Esta rebelión de lo humano autónomo contra el hombre forma parte de la ultima zaga trágica de la historia. Había que dar cabida nuevamente a los monstruos, vueltos contra el artífice de una civilización que expulso los poderes de la vida: según las ortopedias de una lógica inhumana. He aquí el instante en que los caracteres reclaman su paternidad respecto al creador.

Las máquinas célibes, el cuerpo sin órganos, respecto al Urstaat de las sobrecodificaciones que descubriera Deleuze en "Anti Edipo-Esquizofrenia y Capitalismo". Es el momento de una rebelión sin precedentes donde el artista debe reconocer sus personajes como momentos de un estadio elevado de la voluntad de poder, en la cual se subliman los desdoblamientos del alma (enchufes, cortes, flujos y cortes de flujos), según la humanización de la naturaleza a la cual pertenece el hombre como entidad teleológica.