Yo soy periodista a tiempo completo

Entrevista

Para escribir necesito ciertas condiciones, principalmente tranquilidad. Por eso me gusta hacerlo en la alta noche, cuando en casa todos duermen y no corro el riesgo de que me molesten. Demoro una barbaridad en sentarme a la máquina y busco constantemente pretextos para no hacerlo. Es que la cuartilla en blanco impresiona, ¿sabes? Pero cuando por fin me siento y me meto de lleno en el tema, me entrego en cuerpo y alma.

Y ese cuerpo y alma se trashuman en las líneas que escribe. Quien lee al periodista Juan Morales Agüero en cualquier medio para el que colabora, siente que no lo están engañando, aun cuando no se este de acuerdo con lo que se esta leyendo. Porque Juan Morales es, también, un hombre noble, consecuente consigo mismo, un singular que se pluraliza en cada lector, a tiempo completo.

Has dicho que el periodismo es un rompecabezas, pero también que es el mejor oficio del mundo… ¿Como concilias esta aparente contradicción?

"El mejor oficio del mundo", tal y como dijo alguna vez Gabriel García Márquez. Una manera de expresar públicamente sentimientos y puntos de vista. El periodismo es una suerte de rompecabezas, donde quien lo ejerce toma fragmentos de la realidad para armar después un material a tono con lo que sus destinatarios esperan siempre de una noticia, es decir, objetividad, precisión criterio y veracidad. Si el texto resultante carece de tales ingredientes, entonces no es periodismo.

Se trata también de una profesión que exige seriedad, consagración y profesionalidad, porque, como el periodismo suele generar líderes de opinión con acceso a grandes masas, un reportaje puede igualmente provocar confusión o claridad en la medida en que esté mal o bien concebido o enfocado.

Algunos han llamado al periodismo "el cuarto poder", por su capacidad de movilizar e identificar a sus receptores en torno a una idea. Yo creo que, en efecto, es un arma poderosa. Pero, arma al fin, hay que manejarla con mucho cuidado para que no se dispare sin ton ni son en la primera escaramuza.

Trabajas todos los medios: la radio, la TV, la prensa escrita, la prensa digital. ¿Cuál es el preferido?

En efecto, he colaborado en todos, principalmente durante los últimos años. Cada uno de ellos tiene su encanto y su mística, pero debo reconocer que continúo enamorado como el primer día de la prensa escrita, porque se empalma de maravillas con mi temperamento de persona puntillosa y perfeccionista, siempre en busca de la palabra más exacta, clara, precisa y expresiva a la hora de esbozar una idea concreta sobre la cuartilla en blanco, algo difícil de intentar en el resto de los medios por la inmediatez que los caracteriza.

En un semanario, por ejemplo, puedes tomarte cinco días para escribir un reportaje de una página. Durante ese tiempo puedes buscar elementos nuevos, entrevistar a protagonistas, insertar tablas estadísticas, pulir el discurso… Pero en el reporterismo televisivo o radial tal lujo es a veces quimérico, aunque, excepcionalmente, se le pueda encargar a alguien un trabajo con ese corte. Claro, la agilidad es algo consustancial a la prensa, con independencia de su naturaleza.

No olvides que el periodismo es literatura bajo presión. O prosa de prisa, como dijo Guillén.

Ya te digo, en mi opinión, la prensa plana ofrece a sus ejecutores la posibilidad de disfrutar más. Tal vez sea un defecto de fábrica en mi formación profesional, pero yo necesito tiempo para escribir. Concibo al periodismo como una carrera de largo aliento, no como un torneo de velocidad. En esto se puede aplicar la enseñanza de un viejo refrán: "vísteme despacio, que estoy de prisa". Suelo desconfiar de quienes escriben a ritmo supersónico, porque dejan muchas cosas en el tintero.

¿Son los temas los que te obligan a escribirlos desde un género específico, o decides tú el género?

Siempre he pensado que cualquier género es susceptible de emplearse en cualquier tema. Desde luego, a partir de sus dimensiones informativas y de su trascendencia social. Hay temas que solo ameritan una nota de 20 líneas, y eso el periodista experimentado lo percibe enseguida. Pero otros piden a gritos un reportaje, o un comentario, o una crónica, o una entrevista…

Si no se toma en cuenta esto, el receptor suele decir enseguida: "Caramba, pero aquí faltan elementos, me he quedado con los deseos de conocer otros detalles". En el periodismo es peligroso quedarse corto. Aunque tampoco conviene elevar demasiado la varilla. No hay tema para un género ni género para un tema. Son las singularidades del hecho mismo las que compulsa a emplear determinada técnica de redacción.

Te pongo un ejemplo: un ciclón. Lo primero que se publica es una nota informativa. En ella el periodista hace pública la inminencia del ataque de ese fenómeno atmosférico. Luego entrevista al jefe de la Defensa Civil en la provincia para conocer las medidas que se adoptan para atenuar los daños. En otra edición puede que escriba un artículo con datos y detalles acerca de otros ciclones que nos han afectado en igual época del año. Después escribiría un reportaje en algún lugar golpeado seriamente por las ráfagas.

Y hasta podría concebir una crónica basada en la solidaridad y el altruismo de una mujer que compartió su leche de pecho con un recién nacido ajeno en medio de la ventisca. Como vez, un mismo tema se puede tratar con varios géneros diferentes. Hay de parte y parte.

¿Qué no se puede permitir un periodista?

Lo primero que no debe permitirse es mentir. Eso los lectores no lo perdonan. Una sola mentira impedirá después que se crean mil verdades. Equivocarse es diferente, porque la comunicación humana es una eterna puerta abierta al equívoco. Es decir, me equivoco y rectifico. Ahora, mentir tiene otra connotación. La mejor pluma puede desacreditarse en un abrir y cerrar de ojos con solo deslizar una mentira en su artículo.

Ciertos periodistas pecan a veces de idealistas, y se empecinan en creer que las cosas no son como son en la realidad, sino como ellos quisieran que fueran y ahí mismo pierden el sentido de la perspectiva. Otro peligro es la desproporción. No se debe calificar de extraordinario lo ordinario. Un cantante que recién comienza no es un maestro , y a veces, en un exceso de euforia, le endilgamos ese rango que, evidentemente, todavía no es el de su talla.

De igual manera, la asistencia de cien personas a un acto público no constituye una concentración multitudinaria. Sí, solemos caer en ese tipo de desproporciones. Y en otras muchas, claro. En sentido general, Carlos, el periodista debe ser objetivo, pero sobre todo veraz. Ah, y no imponer criterios, sino facilitar elementos para que quien lo lee llegue a sus propias conclusiones, como dice un colega de la tele. La ética es harina de otro costal. Violarla en esta profesión es renunciar a su esencia misma.

¿Cómo empezó Postales Tuneras??

Postales Tuneras vió la luz en un espacio de siete líneas en la sección Variedades, que escribí durante ocho años en el periódico 26. Con el transcurso del tiempo, comenzaron a desbordar su cauce, y entonces alcanzaron dimensiones de reportajes en las páginas de Juventud Rebelde. Luego irrumpieron en la televisión, cesaron por un tiempo y ahora están nuevamente en la pequeña pantalla. A mí me fascinan esos temas que tienen que ver con la historia curiosa de la ciudad. Y a la gente también, te lo aseguro.

Los periodistas andamos a veces tan ocupados con el presente que nos olvidamos del pasado. Eso no es justo. ¿A qué tunero no le interesa conocer cómo se construyó su parque principal? ¿O pinceladas biográficas de sus principales personajes? ¿O cuándo llegaron a su territorio los grandes inventos del pasado siglo? Esas preferencias deben ser tenidas en cuenta a la hora de concebir una publicación o una programación, porque le aportan frescura y equilibrio a sus espacios.

Postales…, realmente, nació con el propósito de rescatar de los archivos facetas olvidadas del devenir de una ciudad que ya tiene 210 años de fundada. Yo disfruto una enormidad cuando me pongo a concebirlas. Y tengo una satisfacción adicional: la colaboración sistemática de la gente. Gracias a eso nunca me falta material. Olvidaba decirte que hace un par de años reuní un grupo de esos trabajos y se lo entregué a la editorial Sanlope, que lo publicó en un libro con ese mismo nombre: Postales Tuneras.

La edición se agotó en menos de una semana. Eso demuestra la aceptación que tienen esos temas en el pueblo.

Con el tiempo el ser humano se va especializando, porque el mundo del conocimiento y de la creación es muy abarcador, imposible de atraparlo en una sola vida. ¿Es la crónica entonces el género por excelencia de Juan Morales?