TERRITORIOS COMPARTIDOS – CONTINUACION: PARTES III y IV/IX

III Ahora el tercer capítulo del Pergamino de la Vida, irrumpe en nuestro viaje por la casa-Libro, mientras ese sol que ha venido acompañando nuestros pasos curiosos y llenos de sorpresas, resulta acechado por unas nubes de desconcierto… No obstante, los primeros metr

Resena

III

Ahora el tercer capítulo del Pergamino de la Vida, irrumpe en nuestro viaje por la casa-Libro, mientras ese sol que ha venido acompañando nuestros pasos curiosos y llenos de sorpresas, resulta acechado por unas nubes de desconcierto… No obstante, los primeros metros resultan alcanzados por la plenitud de sus rayos de felicidad, y la imprevista pregunta de alguien hacia Zulema, nos hace girar precisamente hacia el lado donde la habitación amenaza con volverse oscura.

Es una voz extraña, cuyo español aparece desmañado aunque no desvirtuado. La voz interroga: “-¿Usted es la Sra. Zulema Saus?”. “–Sí”, responde ella. “-La estamos llamando de Buenos Aires, de la Embajada Rusa”. “-¿De dónde?”, demanda sorprendida. “-De la Embajada Risa”, insisten en aquel castellano enrevesado. “-¿De la Embajada… Rusa?”. “-¡Sí, señora. Para comunicarle que fue seleccionado en segundo lugar a nivel nacional, su “Ensayo sobre la Paz”; por tal motivo…”}. No era una broma. Cacho sería el responsable.

Lo comprobó. Cacho era el responsable de haber impreso el ensayo filosófico y enviado bajo seudónimo al certamen de Buenos Aires…Saus, casi me soltó de la mano en aquel instante… Sonreía feliz. Y recordó lo que Cacho dijera, sentencioso, al respecto: “Te felicito (…)(y) vos: ¿qué querías?, ¿guardarlo de reliquia?

Ese recuerdo inolvidable, no sólo por lo que el galardón significaba en sí mismo, sino por la temática que había abordado y fuera, como ella, reconocida (la Paz), le permitió ingresar en el temido cono de sombra, que, en un momento determinado, supo volverse tornado sobre la tierra de los recuerdos o tromba sobre el mar de la nostalgia… La agitación de las aguas del torrente Cedrón, pudo escucharse del otro lado del Monte donde esta el Huerto…

Porque en la vida del cristiano, siempre hay, como aludiéramos anteriormente, un Huerto de Getsemaní esperando la cruz de la traición…

Y creo que hubo una frase que lo condensa todo; todo ese tiempo de tribulaciones que marcaría para siempre a una generación de argentinos: “-Usted, señora, hace pensar mucho a sus alumnos…”, le dijo el Rector de una Universidad. Al otro día no pertenecía más a su planta de personal docente. Contrato “discontinuado”.

Y en el fango de las ideologías extremas y los escritorios invadidos por un ejército de ocupación, pulcramente ordenados por gerentes civiles a hombres uniformados, quedaron sepultadas sus esperanzas de ascenso al cargo de Directora del Centro de Documentación e Información Educativa del Ministerio de Educación. “Dos amigas bibliotecarias me ayudaron mucho explicándome todas las reglas de Bibliotecología.

Tuve que estudiar interminables Leyes, Decretos y Reglamentos…”, y que una tardía (2005) reivindicación literaria supo consolar casi 20 años atrás, cuando tomara conocimiento de un relato o “cuento” del Cacho titulara sobre lo sucedido aquella vez: “El Concurso” (16Ç …

No pudo haber justicia. Ese Sol había sido cegado por las tinieblas de la intolerancia, con otra simple y contundente frase: (El Juicio a la Provincia jamás podría haber sido iniciado, porque el “proceso militar” no andaba con vueltas para algunas cosas. Amenazaron: “-Pueden perder ambos sus trabajos, tanto docentes como de empleados públicos”.

Una historia que muchos argentinos no lograron concluir en vida; pero sí Zulema, quien después “de esa entrevista –con el Ministro, Capitán de Corbeta-, taquicardia de por medio, pero muy bien disimulada, (cruzó) de la vereda del Centro Cívico, a la del Parque del Sur y cuando (llegó) a casa, (se desplomó), resonando aún en su mente el ardor de la injusticia a la que había sido sometida, y para la cual sólo había tenido una sola y sólida posición: “Sabe usted, señor, tiene mucha razón en no aceptarme como integrante de su gabinete y le agradezco el reconocimiento de su parte por mi capacidad.

Le explico mis razones: si los roles estuvieran cambiados, yo tampoco lo aceptaría a usted, porque tenemos proyectos total y absolutamente incompatibles. Actuamos movilizados por valores o conductas éticas divergentes”… Y presintió la sonrisa gozosa del Cristo vivo y perseguido, sacerdote Gustavo Vietti, apodado ¡Tercermundista!, titular de la Cátedra Universitaria de Teología.

Sí, el Tabito, tan amado “que nos casó, bautizó a nuestros hijos y nos enseñó a darle una segunda lectura al Evangelio”, la visitó en conciencia especialmente cuando, hospitalizada a la semana siguiente del encontronazo ideológico, sufriera su primera somatización intestinal y consecuente intervención quirúrgica…

Y pensar que, por estos días en que, llamado a ser crítico de su obra, me he transformado en cronista de una cronista anecdótica autobiográfica, la cercana y anual Memoria del fatídico “24 de marzo de 1976”, vino a asaltarme y a estremecer otra vez mis huesos prestados… Una etapa ominosa que dio lugar a mi relato “Corte de Uñas” (17) , dedicado a “A los militantes de la Vida. En especial a los que supieron o pudieron sobrevivir…”.

Fue a consecuencia reciente (el 19 de marzo de 2008), cuando a instancia de un amigo del alma y hermano en la fe, di a conocer por correo electrónico el extraordinario y sufrido poema de Marta Goddio (18) , recibido ese mismo día, y que decía: “Aquí estoy…

// Aquí estoy, presente, desde hace… treinta y dos años: /un retazo de bandera flameando en las pancartas/ entre estos treinta mil rostros que se agitan incesantes/ al filo del viento que tajea y deshilacha los anhelos/ nublando de dolores los cielos de esta Patria. // Aquí estoy: presente y condenado eternamente/ a gesticular la mueca que reclama a tu memoria/ que no olvide nuestros nombres/ y el de nuestros verdugos.

//Aquí estoy, como el resto, contemplando silencioso/ cómo se diluyen los ecos de nuestras voces/ mientras el rocío y la lluvia destiñen los retratos/ llevándose los vestigios de nuestra tinta para escribir/ cada una de las propias historias con los colores/ de los amaneceres que nos robaron/ y con ellos trazar nuestras huellas en las calles/ que no pudimos caminar,/ en las flores que nos privaron de admirar,/ en las alas de las palomas que de plaza en plaza/ van buscando –silenciosas y perseverantes-/ a quienes por siempre serán nuestros niños,/ escoltando en la ingenuidad de sus miradas nuestras palabras.

// Aquí estoy –como el resto- desde hace treinta y dos años/ Viendo cómo se multiplican las ausencias…/Viendo cómo el tiempo teje y desteje los sueños envueltos/ en los pañuelos hartos de las lágrimas de todas Nuestras Madres.// Aquí estoy: presente, como el resto, con las llagas intactas./ Soy uno…soy cien…

soy mil…/Soy los treinta mil trozos en que quebraron nuestra estrella./Sin embargo, aun desde nuestros despojos, iluminamos.// Soy…Somos, mucho más que simples números naturales/ aniquilados por la soberbia de los irracionales:/Somos los oscuros, los inmortales espectros de los cobardes/ de los traidores, de nuestros torturadores y asesinos./ Y somos el Pan y el Vino gestado en el más cruel e injusto sacrificio/ resucitando en cada uno de quienes cada día, /simple y cotidianamente, nos comulgan y nos nombran”.

Entonces, con motivo del solidario compromiso asumido de memorar la aciaga pérdida de la Democracia en nuestro país durante un largo y cruento período, la necedad de la ignorancia, la blasfemia de la soberbia o la ingenuidad de los que no se interesaron por ver el bosque y creen haber actuado con sensatez desde la visión unilateral infundida (e infundada) por sus intereses personales; y de la mano del astuto usurpador de la verdad Verdadera que todo lo trastoca y enreda, vino a posarse sobre mi escritorio de trabajo una queja tan destemplada como injusta, que decía: “Adríán: no termino de vislumbrar bien el tema del asunto: “24 de marzo de 1976 – Por la Verdad, la Justicia y la Memoria”; ¿en serio que va por la memoria de “todos”?

También, por ejemplo, por la memoria de la hijita del mayor Paiva, la que mataron o por la otra que dejaron ciega?, y de lo que ocurre ahora, (porque a no engañarse, que éstos son astilla de un mismo palo) en este mismo momento, y de los que luego no sé si tendremos en la memoria, la secuestrada, violada y torturada Ingrid Bentacourt? Ahora, si es por un solo lado de la memoria, ¡qué lástima!!!!!!!!!!!, los grandes seguimos sin aprender nada (…)”.

Allí sólo atiné a pensar que, por tratarse de una pregunta con respuesta incluida… no ameritaba mi respuesta, so pena de generar un diálogo de sordos o un sofisma, aún entre amigos de cuyo nivel intelectual era dable esperar capacidad para distinguir el trigo de la maleza.

O que merecería una respuesta tan larga como la cantidad de páginas escritas por reconocidos periodistas e historiadores locales, nacionales e internacionales, sobre lo sucedido en aquella época, ampliada también por las imágenes y reportajes televisivos que se conservan en los archivos oficiales y privados de los medios de comunicación de la Nación, sin contar con lo actuado por la Justicia Argentina al respecto…

Una pregunta con respuesta incluida, que el quejoso concretaba en una agraviante afirmación contra un amplio sector de la comunidad nacional; sentencia que, sin tapujos, sostenía al fin de cuentas, nosotros (los grandes, los adultos) no habíamos sabido ni supimos aprender nada de lo por entonces vivido y sufrido mortalmente…

Allí, sin respuesta súbita, sólo me planteé la enorme dificultad que conllevaría ponerse de acuerdo con algunos argentinos, todavía, y a 32 años de aquellos graves acontecimientos comprobados y demostrados en casi todas sus aristas…

Luego, puesto en oración, contestaría intentando no caer en hipocresías, una respuesta que involucrara a “todos”: “(…): (Dijo el Señor: "Mi Paz os dejo, mi Paz os doy. Pero no como el mundo la da… Porque el que quiera ganar su vida, la perderá; pero aquel que la pierda por causa del Reino de Dios y su Justicia, vivirá eternamente"). (Es que) A veces, la verdad (de la realidad) es como la lluvia (y) nos moja por partes. Entonces, depende…

Cada cual sabrá medir y analizar en instancias, niveles y sustratos de experiencia y sueños, lo vivido y sufrido en aquella época. Y rezará para que "Nunca más" vuelva a repetirse. Un abrazo fraterno. Dios te bendiga, te proteja, santifique y te conceda la Paz… Adrián”.

Y luego, un segundo intento de respuesta sobre los alcances de aquel inaudito 24 de marzo de 1976, también desde el plano de la fe, mediante el envío al cuestionante del Poema "Jesús y Barrabás": Este ladrón es Jesús,/y este ladrón Barrabás./¿A cuál de los dos queréis / que os entregue en libertad?/Es necesario elegir,/ por toda la eternidad,/ entre un ladrón verdadero/ y este ladrón de Verdad.

// ¿Queréis que os suelte a Jesús?/ -¡Suéltanos a Barrabás!/ El uno roba los bienes; el otro la voluntad;/ aquél para su provecho;/ Éste para nuestra paz;/ el primero por malicia;/ el segundo por bondad;/ Jesús, para nuestro bien;/ para su bien, Barrabás. / -¿Queréis que os suelte a Jesús?/ -¡Suéltanos a Barrabás!/ El uno por lo de aquí,/ y el otro por lo de allá;/ cada cual según su amor;/ cada cual según su afán;/ ambos despojan al hombre/ de su vida y su caudal;/ Barrabás, de todo el oro,/ y Jesús de todo el mal.

// -¿Queréis que os suelte a Jesús?/ -¡Suéltanos a Barrabás!/ Los dos esperan al hombre/ sin cansarse de esperar:/ Barrabás días y noches,/ Jesús una eternidad;/ cada cual a su manera;/ cada cual en su lugar./ Uno en las encrucijadas,/ y otro, en la cruz de la Verdad”. (19)

Y al cabo, como a las tres negaciones de Pedro, una tercera respuesta que señaló al recurrente y, de mi parte: “No obstante, (…), al darnos el Señor el mandamiento nuevo del amor, nos pidió que amáramos a nuestros adversarios, enemigos y perseguidores. Que amáramos a Barrabás… Pero que, como enseñara el P. Agustino, José Guaglianone, aprendiendo a separar a la persona del pecado.

A la persona, aún al más asesino de todos se le ama –con uniforme o sin él, porque los hay de guante blanco en el fariseísmo criollo del que formaban y ¿siguen, calladamente, formando? parte; porque es Cristo sufriente y mutilado quien también mora en él (“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; rezó por los que “creían” defender a “Dios”, mientras, ciegos, masacraban a su Hijo, el Verbo encarnado)… Pero al pecado que lo arrebata en la sinrazón, se lo combate.

En realidad, toda nuestra realidad es el teatro de operaciones entre el bien y el mal. De lobos disfrazados de corderos, y de corderos ido, como Jesús, al matadero. La lucha sobrenatural de los Ángeles del Señor y de los ángeles demoníacos del Innombrable, tiene su carpa en esta tierra. Por eso el Hijo Único de Dios se encarna, libra la lucha en el terreno del espacio-tiempo, y obtiene la victoria desde lo natural a lo sobrenatural…

Destruye la muerte, consecuencia del pecado, y redime al pecador (al arrepentido, al contrito, al hombre de buena voluntad)… Amar hasta que duela, nos enseñó también la M. Teresa de Calcuta…

Sí, hay cruces puestas por Dios en los hombros del hombre (para su purificación y santificación); pero hay cruces puestas por los malvados en los hombros de la Humanidad (porque está escrito: “No puede servirse a dos señores”: no puede servirse a Dios y a los Imperios dominados por el -poderoso Caballero Don Dinero; porque se atenderá a uno y se abandonará a otro”…

Sólo hay que saber distinguir, con la ayuda del Espíritu Santo, quién es quién en esta batalla (el buen combate, al que aludía San Pablo), hasta el Fin de los Tiempos… ¡Ayúdanos Señor, a resucitar contigo en el Amor y la Paz! (pero como Tú la das, no como el mundo la promete: "Pues, no he venido a traer la paz -de los hipócritas- sobre la tierra, sino la espada -de la justicia y la Verdad-; y, por causa de Mi, los hombres se dividirán… Pero no será sino al fin que se separará la paja del trigo.

Entretanto, ustedes sean buenos con todos. Así como su Padre que está en el Cielo es bueno con todos, y hace salir el sol sobre buenos y malos"… Te dejo otro abrazo fraterno (…), sabiendo que Dios es Unidad en la Diversidad. Adrián”.

Habiéndome escuchado, Zulema asintió en silencio, acarició mi cabeza como una madre, y fui entre sus dedos de mujer guerrera un niño más de los suyos, mientras perdía su mirada de ocaso y joven militante docente, en aquella oscuridad que, ese sol cuya luz ansiaba, volvería ni bien abriera el próximo capítulo de su vida-Libro o Pergamino del Alma…

IV

Ahora, Zule se viste de alumna y de docente, y hace pública sus experiencias educativas más enriquecedoras, desplegando el cuarto capítulo de su Pergamino del Alma. (20)

Porque Zulema Estela Saus fue no sólo, por su innata vitalidad, una mujer enamorada de una Casa sin Murallas, en cuanto a realidad familiar refiere, y según podemos constatarlo en el cronograma (21) que ha dispuesto en sus amplias paredes de afecto y generosidad, sino una Habitante de “Extramuros”.

Alguien que supo comprender a la Pequeña Iglesia Doméstica como una inmejorable escuela de formación y expansión hacia la Gran Familia Humana, a la que había que socializar –ergo, en un sentido no ideológico, sino sociológico de la palabra, enseñando “a favor de la comunicación y del diálogo, de la solidaridad y de la comprensión, de la paz y de la libertad” – desde una actividad tan indicada como notable para ello: la educación.

Y me señala con el dedo índice de su mano derecha –porque con la izquierda, la del corazón, tiene sujeto mi boleto de tráfico por los carriles de su intimidad-, uno por uno, a varios establecimientos escolares:

-Ahí, ¿ves, Adrián?: la “Escuela Belgrano”, y la señora Isabel de Passet y la señora Lidia Alcántara de Bong-Schmidt… Ellas nos enseñaron a trabajar en grupos, a investigar, a transferir conocimientos y a expresarnos con mayor precisión. “¡Qué importante! ¿Estudiar de memoria? Jamás”…