Aunque para algunos autores latinoamericanos Macondo ya pasó de moda, la {realidad real} es otra. Pero uno de los puntos más importantes es que la literatura no puede ser vista de esa manera. Si bien es cierto que las tendencias de la literatura pueden pasar de moda, no así las obras magistrales en sí mismas. Si la obra de Gabriel García Márquez tendría que ser evaluada de esa manera, entonces podríamos decir lo mismo de Miguel de Cervantes Saavedra y de William Shakeaspeara. Ciertamente no vivimos ya en el mundo de la caballería, pero ¿quién se atrevería a decir que El Quijote de la Mancha ya no es vigente? Y ¿qué se quiere decir con vigencia? Tanto quienes defienden la vigencia de Cien Años de Soledad como quienes aseguran que ya no la es, cometen un error de apreciación. ¿Se podría decir lo mismo de La Monaliza? ¿Que es o no vigente? Cuando Miguel de Cervantes Saavedra escribió a Don Quijote de la Mancha, las obras de caballería ya estaban en decadencia y, sin duda, su obra era una burla a las obras decadentes de caballería. Cuando Gabriel García Márquez, en cambio, escribe a Cien Años de Soledad, pinta un retrato de una sociedad en particular y se trata de una macro-sociedad: la latinoamericana. A mal que bien, los países latinoamericanos han hecho bien algunas tareas: ya no existen estados absolutistas ni hay guerras civiles y la economía parece reverdecer en casi todos los rincones. Pero Macondo sigue ahí, como ese símbolo del rezago de la modernidad y de la dependencia europea y estadounidense, tal como lo describe Felipe Vieira: Cinco décadas después de la primera edición de Cien años de soledad, el mensaje de la novela cumbre de Gabriel García Márquez mantiene su significado para las generaciones del siglo XXI porque puede ser vista como una profunda reflexión sobre la historia de América y su contacto con Occidente (Vieira, 2017)
Todo ese reverdecer de las economías y el fortalecimiento más o menos de las democracias latinoamericanas, no significa que se haya llegado a la autenticidad y a la plena integración al mundo occidental. Latinoamérica o {Macondoamérica} sigue en su dependencia cultural de los vaivenes de las políticas, economías y tendencias del mundo europeo y estadounidense. Todavía se sienta a esperar {la llegada de los gitanos que la encuentran guiados por el canto de los numerosos pájaros que José Arcadio había encerrado en jaulas}. El concepto de {realismo mágico}, en cambio, tiene un problema para nuestro tiempo: Fácilmente se confunde con fantasía o locura, delirio o exceso de marimba. Pero no olvidemos, de paso, un elemento muy común en estos hombres y mujeres del sur: la envidia que les carcome por dentro. Como bien dice Miguel de Cervantes Saavedra “{¿Qué locura o que desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?}”. Si el realismo mágico fuese fantasía inútil, palabrerías tontas e imaginaciones lentas, aceptaría entonces que las obras de Gabriel García Márquez y otros autores como Isabel Allende, escriben tonterías. Pero en dicha expresión se utiliza la palabra realismo, la misma que tanto fascina a la gente del siglo XXI, tan rodeada de realidades virtuales. La expresión nos lleva a la magia de la realidad real. En mi adolescencia quedé tan fascinado con las obras de Gabriel García Márquez, que quería escribir cosas así. Pero, no necesariamente fue García Márquez mi único maestro – como no debe ser para nadie un único autor el tal. También me fui de la mano de Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Tomás Carrasquilla, Jiddu Krishnamurti y muchos otros. Dijo Hemingway que {el mundo quiebra a todos y, después, algunos son fuertes en los lugares que fueron quebrados}. En la actualidad estamos en la era de la cruda realidad, tal cual es. Una realidad que puede ser contada de manera tan nefasta como en Viento Seco de Daniel Caicedo y, acaso no es Viento Seco un capítulo extendido de la masacre de las bananeras en Cien Años de Soledad. ¿No es acaso sorprendentemente mágica la negación de la violencia en este continente? -Debían ser como tres mil -murmuró. -¿Qué? -Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación. La mujer lo midió con una mirada de lástima. «Aquí no ha habido muertos -dijo-. Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo.»
Y es ahí en donde seguimos. Si bien ya no hay dictadores que mandan a fusilar multitudes, con algunas sonoras excepciones, estamos en la era de los grandes demagogos y en las nuevas {fruit companies} con estilo cibernético, pero los mismos con las mismas. {{Referencias}} -* Vieira, Felipe (2017). Macondo, metáfora de un continente rezagado de la Modernidad. UN Periódico, 20 de mayo de 2017. Enlace rescatado el 19 de junio de 2017 de http://www.unperiodico.unal.edu.co/dper/article/macondo-metafora-de-un-continente-rezagado-de-la-modernidad.html.
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