MIEDO, ¿DÓNDE TE HAS METIDO?

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Ahora parece ser que nadie teme ser víctima de sus opiniones, y algún que otro valiente llena de bulos e incluso de calumnias los correos electrónicos, los teléfonos móviles y las redes sociales. Menos la noticia falsa propalada vaya usted a saber con qué fin y la acusación contraria a la verdad, me parece estupendo que la gente se exprese y enriquezca la variedad ideológica. También que dignifique el acervo cultural de un país, el nuestro, falto en estos momentos de las galas cervantinas y el amor por nuestra lengua, una de las más hermosas del mundo. ¡Adelante, pues, los defensores de las Letras!

 

 Falta ver si en un futuro cercano somos todos tan ufanos a la hora de mentir y de machacar nuestro idioma con frases gordas, inmoralidades, falacias y cobardes delaciones. Porque noto un cosquilleo en la oreja derecha que me avisa sobre una posible inversión democrática. La inestabilidad política europea y mundial, el avance de ciertas fuerzas extremistas partidarias del pistolón, más el acomodamiento de la derecha ramplona a los intereses, políticos y personales, de cierto partido surgido del miedo popular, despierta mi instinto intuitivo para alertarme de una muy posible muerte súbita de nuestras libertades. ¡Cuidado con lo que nos pueda caer encima!

 

 En estos momentos la precaria unidad europea está en peligro. Puede ocurrir de todo porque el dinero tiene patas y la inteligencia humana un velo que le impide ver el sufrimiento ajeno. Tenemos encima una pandemia de dimensiones nada despreciables y no vale argumentar como algún país de nuestro entorno lo ha hecho: “Que hubieran ahorrado en vez de gastarse el dinero tomando el sol en las playas y corriéndose juergas”, cosa que puede ser verdad; pero también es cierto que una catástrofe de semejantes dimensiones como por la que estamos pasando no admite peros, sino eficacia para salvar, por lo menos, a una parte sustancial de la humanidad.

 

 Llegado el día –crucemos los dedos–, con la Carta Magna interpretada por la derecha descontrolada y la ultraderecha matona, veremos quién es el guapo o la nena bonita que censura a los perdonavidas que acaban de desembarcar en nuestra España de los mil dolores. Para inventarse calumnias contra la izquierda, ¡premio! Pero ¡ay! de aquel que intente decir mu contra cualquiera de los pistoleros instalados en el poder o, simplemente, de sus secuaces.

 

 Tal vez sea necesario invocar a los Mártires de la Libertad para que la rebelión de Bonet nos cierre las puertas del miedo; porque todo puede suceder en estos momentos en que la derechona (expresión de Paco Umbral) le está dando de comer en la mano al señor Abascal.

 

César Rubio Aracil