DISPERSIÓN
Cuando el estío de valores tropicales traquetea en mi ventana, salto de alegría. Aunque el sudor invada mi epidérmica cobertura; pero en ocasiones, sea por mi aventurado deseo de combustión sentimental, ¡pobre de mí!, o por cualesquiera otras causas avaladas por la senectud, el fuego sensitivo adquiere proporciones desmedidas; y ante la imposibilidad de apagar la llama pasional, ¡ay Dios!, ¿por qué habré venido al mundo?, recurro al favor metafísico, cuyo apoyo me libra del suicidio mental. Es el caso de esta misma madrugada en que, hambriento de sensaciones instintivas, ¿se me entiende?, se me impuso la claudicación.
Asomado al amplio ventanal de mis sueños, una miríada atómica parecía señalarme el camino de liberación. Acepté el ofrecimiento, siendo entonces cuando pude comprender que el envejecimiento hormonal rejuvenece el espíritu.
¿Adónde queréis llevarme, átomos intrépidos? En el silencio cuántico estaba la respuesta: “Al submundo de la dispersión”. Desde entonces no he dejado de pensar en las diferentes etapas de la existencia humana. La mía de ahora, un presente de próxima extinción, espera del albor el norte de una nueva singladura. La definitiva, donde la irradiación elemental se adueñará de mis experiencias con fines evolutivos. Mientras tanto, la vida me ofrece una nueva diversión: buscar en mi laberíntica existencia el auténtico sentido del amor.
Difícil tarea la que me ofrece mi yo fungible, porque si ansioso estoy de paz, el pasatiempo puedo encontrarlo en el furgón de cola de mi ansiado viaje sin retorno. Allí donde la idolatría al beso funde todo anhelo y el flirteo con los ángeles borra la imagen densa de los deleites terrenales.
Le temo a las madrugadas estivales, difusoras de añorantes recuerdos juveniles, al decadente sol de ocasos apacibles; le temo a la concentración de secuencias, hoy ya perturbadoras, donde las luminarias sentimentales alumbran imposibles esperanzas de reconversión temporal. Mi tiempo ha envejecido, pero mi yo ansía rejuvenecer en el círculo de una eternidad sin centro radial. Para encontrarme con las luces primigenias, con las sombras de mi ayer, iluminadas; con los arquetipos del espíritu universal. Y morir de nuevo para de nuevo nacer, confundidos mis anhelos en la espiral de la dispersión.
